El viaje

Hace pocas semanas llegue a Estados Unidos. Dejé Cuba como muchos cubanos, no buscando la tan llevada y traída libertad, sino poder estar con mi familia, separada desde hace muchos años. Salir de Cuba no fue fácil, pero ese es tema para varios post. Hoy solo quiero presentarme ante ustedes y contarles de como viví esos 35 minutos que fueron el viaje entre mi país y éste.

Imaginé un avión más grande, ya antes había tomado avión así que no era una novedad para mí y no tenía ningún miedo. Ahí comencé a darme cuenta de lo que luego viviría en Miami: el acento cubano! Cuánto me he divertido cuando escucho a gente de otros países imitando nuestro acento tan peculiar!

Saliendo de Cuba pude ver todo el centro de La Habana desde el avión. Ahí estaba la famosa Plaza de la Revolución, el Paseo del Prado, el Malecón…Muchas historias dejadas atrás por comenzar historias nuevas. Recuerdo que, aún sin dejar de ver el faro del Morro detrás de mí, ya estaba sobre los Everglades. Estamos tan cerca y tan lejos!

Venía en el avión pendiente de dos cosas muy importantes: La primera era algo que mi madre dice y es que en Cuba el cielo es más azul que en Miami, estuve pendiente para encontrar esa supuesta división de azules, pero nada, me pareció el mismo cielo. La segunda era la comida…lo siento chicos, pero si, estaba pendiente de la comida del avión.

Me habían comentado que mis trámites de Inmigración en el Aeropuerto de Miami podrían demorar varias horas así que, como buen cubano, tenía que irme con el estómago lleno. Cuando la aeromoza me dio a escoger entre Coca Cola y agua mineral, tomé una decisión que he mantenido durante estas semanas: agua mineral. Tenía miedo de la famosa “Coca Cola del olvido”.

Junto a mí en el avión vino una pareja gay, ellos me ayudaron a llenar mis documentos de inmigración pues mi inglés no es tan bueno como para completar formularios oficiales. Uno de ellos me presto su celular (cosa inimaginable en Cuba!) para que llamara a mi familia cuando aterrizó el avión.

La primera impresión que tuve de Miami desde el avión era que toda la ciudad era de plástico, parecía escenografía, todo pintadito, limpio, reluciente, nuevo. El salón del aeropuerto inmenso, uno se siente pequeño en un lugar así. Finalmente llegué con el oficial de Inmigración y el trámite demoró menos de lo que pensaba. Pronto estuve con los míos que me esperaban afuera, pero ese encuentro es historia para otro post.