Mi primera comida

Lo prometido es deuda. Aqui les contaré sobre aquella primera comida casi bajándome del avión. Todavía tenía las emociones del encuetro con mi familia y de conocer a mi sobrina mas pequeña, todo eso junto a un menú en inglés y mil sabores que no concía delante de mi.

Debo decirles que tengo una relación muy especial con la comida. Soy la peor pesadilla de una persona que intente pasarla bien invitándome a cenar. Lo admito, no como casi nada, soy bien reacio a probar platillos nuevos y ni hablar de nuevos sabores. Unos le dicen el síndrome del seminternado, otros dicen que son rezagos del “Período Especial”, yo solo sé que soy malísimo para comer.

Deben imaginarse que un cubano acabado de llegar a este país lo primero que hace es comer y comer y comer más. Yo fui al revés, aquella primera salida a comer fue realmente traumatizante para mi familia y para mí. El menú en inglés, los platos con mil salsas y aderezos que no conocía, mi hermano volviéndose loco explicándome qué cosa era cada uno y mi madre intentando que conociera nuevos sabores.

Cuando finalmente me decidí por una especialidad de pollo, estaba tan extremadamente picante, para mi paladar, que no pude terminar de comerla. Luego he aprendido que no era exactamente picante, sino que estaba sazonada de una manera distinta a la que yo acostumbraba a comer, pues mis sobrinas que son niñas, se comieron aquel pollo como si  fuera un helado.

Nunca más he regresado a ese restaurante y mi familia ni siquiera me lo ha mencionado. He comido en otros, de comida americana y de comida cubana y he empezado a adaptarme un poco a los nuevos sabores, pero debo reconocerlo: No hay nada más rico que un arroz moro, un bistec de cerdo y unos tostones!