Ser gay en Cuba

Algunos amigos que han llegado hasta el blog, se han tomado el trabajo de mirar a la columna de la derecha y conocer quién es el Recién Llegado, otros han ido más allá y han revisado la pequeña pestaña que está sobre la cabecera del blog que dice “Sobre mi” y otros han ido todavía más lejos  y me han contactado en Facebook o Twitter, cosa que agradezco infinitamente.

Cada uno ha ido a ver quien escribe con distinto interés pero casi todos me han dejado dos observaciones básicas.  Por qué ser gay y cubano puede ser una combinación explosiva como digo en mi presentación y dónde está la otra mitad de mi cara en la foto. Como la respuesta a esta segunda interrogante está más que clara, responderé a la primera, animado por el cronista de Nuevo Songo, quien nos escribe desde esa tierra nórdica habitada solo por cubanos.

Empecemos por las definiciones, a los seres humanos nos encantan las categorías y encerrar a todo lo que conocemos dentro de ellas. Un gay no es solo un hombre que se acuesta con otro hombre, sino también una manera de vivir, de ver la vida, un conjunto de gustos, aficiones y pretensiones.

Quizá entre ahora en el terreno de los cliché pero es inevitable hacerlo si tratamos de definir algo. La principal particularidad que tiene ser gay en Cuba es que hasta hace muy poco tiempo (mucho menos de una década) en nuestro país no “existían” oficialmente los gay, no eran visibles, casi que era ilegal serlo.

Recuerdo, porque lo viví muchas veces, las “recogidas” de gay en el Malecón Habanero, en donde solamente te montaban en un camión rumbo a la unidad de policía por sentarte en el muro más famoso del Caribe. Más aún, recuerdo como la policía irrumpía en una fiesta gay y todos teníamos que salir corriendo de patio en patio hasta llegar a la otra cuadra, pues el solo hecho de estar un grupo de gay reunidos podía ser motivo de enjuiciamiento penal.

Dudo mucho que en algún otro país un gay haya tenido que pasar por cosas como estas. El crecer y hacer una vida como gay bajo semejante asedio puede hacerte un gay distinto a los otros. Mas sarcástico, más simulador, menos sociable quizá. Pasará algún tiempo antes de que entienda que la pornografía gay no es un delito y otro tanto antes de admitir que el lubricante para condones es una sustancia legal.

Eso sin contar de los gustos de muchos gay por los desfiles de moda, los conciertos de Madonna o las películas de Hollywood de los años 50, la ropa de marca, los productos de belleza, la decoración de interiores, las luces, las lentejuelas y los brillos. Cada uno de estos artículos es más difícil de conseguir en Cuba que el anterior, así que ser gay en mi país también puede ser extenuante.

Pero no todo es malo, ser gay en Cuba tiene sus ventajas. Los amigos son pocos pero buenos, sinceros si los sabes escoger bien y duraderos si no tienes sexo con ellos (obvio que no se tiene sexo con los amigos, pero no es tan obvio para los gay). Aprendes a interesarte por otras cosas, sustituyes los conciertos de Madonna por los de Lynn Milanés o por una función del Ballet Nacional de Cuba, los productos de belleza por las cremas hechas en la batidora de la casa con frutas y vegetales, los desfiles de moda por la ropa de Rakel Mayedo o Edith Mazzola y el lubricante para condones… bueno, eso no voy a decir por qué cosa se sustituye.

Como ven, la experiencia de ser gay en Cuba puede ser explosiva como les comento en mi presentación. Una combinación de muchas cosas sin llegar a ser nada. Una mezcla de canciones de Sabina, películas de Almodóvar, boleros cantados por Elena Burke y el olor, infinitamente agridulce, del Malecón Habanero.