Saturday Nigth Fever

Mi sábado no terminó con la visita a Hialeah que les conté en mi más reciente post. Justo cuando acababa de publicarles mis impresiones sobre la ciudad que progresa, regresó mi hermano con su esposa. Nos íbamos a ver la presentación de un cantante amigo suyo en un conocido club de la Calle 8. ¡Sería mi primera salida nocturna en Miami!

Los dos, vestidos de noche, zapatos que sonaban en el suelo, camisa de mangas largas por un lado, tacones, algún brillo discreto y un maquillaje no tan discreto por otro. ¿Yo? short, chancletas, sin afeitarme y con los ojos chinos de leer sus comentarios desde Facebook y escribirles mi post sobre Hialeah. Lo peor, solo tenía cinco minutos para estar listo pues andaban atrasados con el tiempo.

¿Ustedes conocen a algún gay que pueda arreglarse para una salida un sábado en la noche en solo cinco minutos? Yo tampoco, hasta anoche, cuando tomé un par de zapatos de mi hermano menor, una camisa y uno de los pantalones que me compré ayer. Todo en menos del tiempo previsto. No quedé muy satisfecho con mi imagen, demasiado seria y conservadora, pero en el tiempo en que tenía hice lo mejor que pude por mí.

A los que estén esperando la narración de una noche de luces, música disco, abdómenes de revista y chicos sudados a mí alrededor, les diré que sigan viendo videos en YouTube o revisen su email. No encontrarán nada cercano a eso, aún no he vivido una experiencia como esa así que no les puedo contar. Mis hermanos son muy civilizados y muy comprensivos con mi condición pero no creo que lleguen al punto de llevarme a una disco gay, cosa de lo que me alegro. Ayer conocí otra de las caras de las noches de Miami.

Boleros cubanos acompañados de música en varios idiomas compartidos entre un público igual de diverso. Unos bailaron el famoso Caballo Viejo como pudieron, otros se abrazaron con uno de los temas italianos más populares de los años 70 y otros, como yo, se quedaban en sus mesas degustando de la cena.

La nostalgia por Cuba, por su música o por su baile es evidente en las noches de Miami. Solo basta hacer un recorrido por las carteleras y descubriremos varias alusiones a aquellas veladas habaneras de los años 50 y a sus figuras de siempre, las que vinieron y las que se quedaron en la isla. Para completar, mi cuñada cantó (si, porque ella canta) uno de los temas de La Lupe y luego a guarachar con el Químbara.

Terminando la presentación del amigo de mi hermano a quien fuimos a ver, salimos, casi corriendo, a otro lugar más paradójico aún. Se celebraban los carnavales de un pequeño pueblo de Cuba en un elegante salón, también en la popular calle 8. Una de las orquestas en la que mi cuñada ha cantado, estaba amenizando las famosas festividades y esperaban porque ella pudiera sumarse aunque solo fuese al final.

No entendía mucho aquello de unos carnavales en un salón como aquel pero bueno, si de camino hacia allá vimos que ya estaban montadas las luces de la feria de Santa´s Enchanted Forest en pleno agosto, ¿Por qué razón no iban a celebrarse unos carnavales en un salón de estilo neoclásico y con unas inmensas arañas de cristal iluminando el techo?

El ambiente era como si no hubieran pasado 50 años. Mujeres acabadas de salir de la peluquería con sus peinados fijados con una cantidad de laca extrema. Grandes collares de perlas y piedras junto a los zapatos tacones completaban el atuendo de todas. Los hombres con guayaberas de mangas largas o de traje completo y hasta con sombreros.

Por unos minutos me vi dentro de una de aquellas películas que recrean la Cuba de los años 50 en los grandes casinos o salones de los hoteles Riviera o Habana Hilton. La orquesta al centro y mi cuñada de nuevo cantando a pulmón partido ¿Qué te pedí? Solo un pequeño detalle me dejaba saber que estábamos en el 2010. El famoso logo de Apple con su manzana a medio morder se asomaba a lo lejos desde una Laptop encima del teclado de la orquesta.

¿Cuánta nostalgia sentían todos aquellos cubanos por una Cuba que ya no existe? ¿Habrán existido alguna vez carnavales como esos en aquel municipio del que no puedo recordar el nombre? ¿Habrá existido esa Cuba y esas noches habaneras que tanto se recrean desde Miami? La noche terminó con un conocido tema de pretensión profética y que ha terminado por quedarse viejo frente al pronóstico que encierra en su estribillo.  Aquello de que “nuestro día… ya viene llegando”… ¿Será?