Hace dos años II

Aqui les dejo la continuación de la historia de mis trámites antes de salir de Cuba. Si recuerdan, nos habíamos quedado en que no podía hacerme mi pasaporte porque el carnet de identidad estaba algo deteriorado y luego no pude hacerme el carnet porque se les había perdido mi certificación de nacimiento. Todo eso les conté en el primer post de Hace dos años. Hoy les cuento como me fue en el Registro Civil y solicitando los Antecedentes Penales. Si creen que ya leyeron toda la dosis de surrealismo cubano, esperen a ver esto.

Todo apuntaba a un día tranquilo. Había decidido nuevamente no dejarme presionar por nada. Soy muy malo cuando actuo bajo presión. No me iba a estresar. Borré de mi mente todo intento de soborno a ningún funcionario para gestionar de manera mas rápida mis documentos. Con esta idea, salí al Registro Civil en una mañana rara, en la que el sol del verano y algunas nubes bañadas con lloviznas de invierno, se combinaban para darle un aspecto irreal a mi día.

Lo primero fue fácil. Debo reconocerlo. Pude conseguir en el Correo todos los sellos que deben tener los documentos que necesito. Sellos de 5, 10 y hasta 20 pesos cubanos, según el trámite. Ya antes me había informado por las Páginas Amarillas para no perder tiempo.

Rumbo al Registro Civil iba pensando en lo que me encotraría. Si habían colas, si podría colarme, pero no. Al doblar la esquina y enfilar hacia él lo descubrí  tranquilo y apacible. Entré y pregunté quién era el último para solicitar documentos. Esa costumbre cubana de perdir el último en una cola me traería problemas más adelante en el día, pero ahora solo me trajo el gesto de un señor hacia una mesa con el conocido cartelito de “Recepción”. Me siento en el buró, vacío, y espero que alguien me atienda. A los pocos minutos un hombre que intentaba configurar su celular me dice:

– Pa solicitar o pa recoger?

Lo que me sorprendió no fue su pregunta, sino la forma en la que estaba vestido el supuesto funcionario del Ministerio de Justicia que tenía frente a mi. Short (¡si, short!) de cuadros, camiseta desmangada anaranjada y el mencionado celular en su mano.

– Vengo a solicitar. Necesito dos certificaciones de nacimiento.

Sin levantar la vista me da un papelito que habia hecho en fracciones de milisegundos.

– El miércoles depues de la una.

– ¿Debo regresar el miércoles para solicitarlas?

– No – dijo con cara de asesino en serie – El miércoles ya estan. Ven a buscarlos.

– !Ah! Que bien. Déjame hacerte otra pregunta. ¿Con ustedes puedo solicitar la fé de soltería o algo así? Es que necesito algun documento que certi…

– ¿Te piras, loco?

– Necesito un documento que certifique que soy soltero – respondí sin saber aun si eso era lo que me había preguntado.

– El miércoles esta todo. Ven después de la una.

¿Que mas se puede pedir? Lenguaje e imagen desenfadados. Agilidad. Rápidez y eficiencia. Con solo un día por el medio tendría todos los documentos en mis manos y podría regresar al punto en donde comenzamos: Mi pasaporte. Pero no todo acaba ahí. Aun me faltaban mis Antecedentes Penales. Tendría que regresar a casa. ¡Tenía un hambre!

Nuevamente me asesoré con las Paginas Amarillas. Me había ido muy bien con lo de los sellos. Encontré 4 oficinas en la ciudad para solicitar los dichosos antecedentes penales. Alamar, Marianao, Mulgoba y Habana Vieja. Me decidí  por la última, es el lugar mas fácil de llegar. Salgo optimista para la Habana Vieja. Sería un buen paseo. ¡Es tan linda!  Las tiendas, los edificios antiguos. Disfrutaría la salida.

Llegué a un edificio, conocido de otras gestiones, con la noticia del portero:

– Joven, la oficina esta cerrada, pero tiene un cartel que dice algo. Entre y léalo porque mis ojos no me dan pa ver las letricas.

La vida no podia ser tan fácil. Mientras atravesaba el pasillo que me llevaba a la oficina me resonaban en la cabeza los otros lugares donde estaban las oficinas. Alamar…  Marianao… ¡Mulgoba! ¡No sé ni donde rayos esta Mulgoba! El cartel informaba que efectivamente la oficina estaba cerrada y que los trámites se podían hacer en cualquiera de las otras que se encontraban en la capital o … ¡en el Registro Nacional de Sancionados! ¡Una opción! Pero, ¿Dónde estaba eso? Luego de algunas averiguaciones recordé que conocía el lugar. Esta en Linea y F, en el Vedado. Me encontraba  a 10 pesos del lugar. Tomé el taxi y en minutos estaba frente al edificio.

La puerta estaba extrañamente cerrada, pero cuando iba subiendo las escaleras, salen dos muchachas sonrientes con vasos y cucharas en la mano. Horario de Almuerzo, pensé.

– Mi vida, ¿aquí se sacan los Antecedentes Penales?

– Si mi amor. Es ahí donde esta la reja, pregunta.

Dispuesto fui a preguntar. Desde afuera se veía a la recepcionista hablando por teléfono. Justo cuando abría la reja que me separaba de ella , una voz.

– Ciudadano – me aterra cuando me llaman así, me recuerda a la policía, más aún si estoy de espaldas a la persona y no puedo comprobar si viste de azul o no – ¿Qué va a buscar allá adentro?

– Mis antecedentes penales, por supuesto.

– ¿Usted no ve el cartel?

Busque por varios minutos el cartel famoso, pero juro que no lo encontré. Me hice a un lado para que el compañero me mostrara el cartel que yo, ¡oh! tonto y ciego ciudadano, no habia divisado.

– Esta virado, pero eso se ve que es un cartel – Me dice luego de voltear un pedazo de cartón amarrado a la reja – Ho-ra-rio-de-al-mu-er-zo. ¿Lo vé?

– Si, de 12.30 a 1.30

– Aun no es la una, así que tiene que esperar en el parque.

Estaba claro cuando pensé que estaban en horario de almuerzo. El vaso y la cuchara en la mano son como el solapín de los comedores obreros cubanos.  Como no tenía opción ni nadie con quien conversar ni libro que leer, me dediqué a observar a las personas que estabamos en el parque. Todos teníamos algo en común. Nos ibamos del país. Definitivamente lo mejor de Cuba, somos los cubanos. Folkclóricos a mas no poder. Hubo quien llevó a toda la familia a recoger sus antecedentes penales. Hubo quien andaba solo y hasta alguno se apertrechó con una dosis de chucherías para pasar el tiempo. Presumía que había alguna cola. Aquí solo tienes que estar parado 5 minutos en cualquier lugar y enseguida alguien te pide el último. Es algo genético, casi una  tradición en Cuba. Pero como sabía que estaba detrás de todas aquellas personas, no me molestaría en pedir el último.

Llegó una muchacha y empezó el lío.

– ¿Quién es el último pa solicitar?

– Si lo encuentras voy detrás de ti – respondí, sin mas opción que entrar en el juego de la cola.

– ¿Tu sabes si demoran mucho los papeles? – me dijo mientras se sentaba a mi lado.

– Dicen que 3 días, habría que ver cuando entremos.

Tuvimos una larga conversación. Me dio algunos tips para mis papeles y mi viaje. Ella lleva 2 años intentando salir a Chile y le ha sido dificilísimo. Luego de hablar de cómo esta “la cosa”, de nuestro “síndrome previaje” del que les contaré en otro momento y otros tantos asuntos, me dice:

– Cuando logre salir de aquí, me llevaré un alfiler en el bolsillo.

– ¿Y eso pa que?

– Pa pincharme varias veces a ver si es verdad. He pasado tanto que cuando esté en el avión no podré creerlo.

– Eso no es nada. Te pasarás semanas hablando bajito de Fidel o de la revolución. La Libreta de Abastecimiento cuesta trabajo quitarsela de arriba – le dije con toda intención de sacarnos una enorme carcajada.

Finalmente entramos y ahí se dio el espectáculo del día. Las personas que se habían organizado en dos colas (para recoger y para solicitar), descubrieron que sus puestos no valían porque solo se atendería en una cola para cualquiera de las operaciones que se hiciera. La recepcionista al borde de la intoxicación por la claria del almuerzo dijo en un grito.

– ¡Si no se organizan llamo a la policía!

– No nos dejemos provocar nosotros – le dije a la muchacha – esperemos que ellos se organicen y luego entramos.

Pero no contaba con la capacidad de aglutinamiento que tenemos los cubanos. Enseguida emergieron dos líderes, uno por cada cola y salieron a defender sus puestos. Los tradicionales “llegue primero que tú” “cuando tú llegaste ya estaba aquí” “yo estaba en el CUPET comprando refrescos” y otros tantos salieron al aire. Casi se van a las manos nuestros líderes. Entonces salió una de las oficiales que atendía las ventanillas… ¡Con los zapatos en la mano!!!!!!!!

– ¡Si se organizan, terminamos todo esta cantidad de gente en 10 minutos, pero si no, me voy a demorar una hora con cadaaaaaaaaaaaaaaaa unooooooooooooooooooo!

Vestida de verde olivo, con un derríz a medio terminar y los zapatos en la mano al estilo “a deguello”, aquella compañera era para respetar. Asi es que todos bajaron la voz y efectivemente en 10 minutos terminamos todo y todos. Ahora solo queda recoger el documento este jueves. Solo espero que salga correctamente y sin errores, que no salga que he estado sancionado o algo por el estilo. No se rían, que esto es serio.