Autenticidad

Esa es una palabra que se repite en muchos de los comentarios que me dejan en el blog y también a través de Facebook y a mi email (hay personas bien tímidas). Muchos de los que me leen y otros que no me leen tanto pero que me quieren, se preocupan porque me mantenga auténtico, que me quede al margen y no permita que Miami me cambie.

La autenticidad es una cualidad que para mí no pasaba de convertirme en distinto o especial para alguien. Nunca me preocupó ser auténtico en Cuba, tampoco recuerdo que alguien me lo pidiera. Entonces… ¿Qué es lo que debo conservar para seguir siendo auténtico? ¿De qué me cuido para que eso que muchos creen ver en lo que escribo no se vaya? ¿Cuánto daño me puede hacer una ciudad como Miami a la que casi todos describen como la principal enemiga de mi autenticidad?

Tengo miles de preguntas y una seria preocupación por eso. Más aun cuando sé que debo dejar ir cosas de las que traigo desde Cuba para insertarme en la vida nueva que estoy empezando. También tendré que tomar otras de las que me encuentre en el camino, pero creo que en esencia seguiré siendo el mismo chico que, desde la ventanilla del avión, miraba hacia atrás, queriendo descubrir la silueta del Morro cuando ya sobrevolamos los Everglades.

Puede resultar difícil en este mundo en que vivimos ser realmente uno mismo, que es lo que creo que es la autenticidad. Hay miles de voces convenciéndonos que son las verdaderas, cientos de gustos y de etiquetas que nos imponemos con tal de estar en tal o mas cual grupo. Hay una idea de lo que es ser un cubano, un joven, un gay, un emigrante, cada categoría tiene sus normas y muchas veces nos sumamos a ellas hasta de manera inconsciente.

En estas semanas, que ya se han convertido en meses, he podido descubrir al menos a tres tipos de cubanos en Miami. Están los que, a toda costa, quieren serlo y ahí hablan con el más puro acento habanero, se saben cuánto dicharacho haya en la isla y están al tanto del último tema de moda en Cuba, aun cuando hayan venido desde niños.

Otros por su parte no quieren saber nada de lo que consideren cubano. Solo escuchan música en inglés, ven televisión norteamericana y su plato favorito es una hamburguesa con puré de papas (sintético de preferencia). Han olvidado muchas de las palabras en español y no recuerdan ni donde quedaba la dirección de su casa en Cuba, para ellos su infancia fue aderezada con marshmallow y Mickey Mouse.

Descubrí también un cubano intermedio. Ese que aún no se ha adaptado a este país y sigue pendiente de Cuba, el que prefiere ver a Oscar Haza para enterarse de lo último de la isla y no sabe que acaban de aprobar un nuevo plan de Seguro Médico que lo beneficia. Me imagino que hayan miles de tipos de cubanos en Miami, pero los que conozco los puedo ubicar fácilmente en estas tres categorías.

Yo no quepo en ninguna (por eso les digo, desde ahora, que deben haber más) Me seguirán emocionando mucho las canciones de Teresita Fernández y me ha encantado descubrir de la mano de mis sobrinas el mundo de Disney. Aunque sigo prefiriendo el arroz moro, los tostones y la carne de cerdo debo reconocer (pero solo a ustedes, sin que se entere mi familia) que me ha gustado mucho la hamburguesa de Burger King. Me mantengo al tanto de lo que pasa en mi isla, pero no cambio una buena serie norteamericana por el show de Alexis Valdez.

No sé si esos cambios me harán ser más o menos auténtico, pero son cambios reales y sinceros. Cosas que voy descubriendo mientras vivo en este país y que voy sumando a otras, sin quitar ninguna de las que traigo. No creo que traicione lo que soy. Siento que cada cosa nueva que voy descubriendo va armando un nuevo YO que será tan auténtico como sea capaz de enlazar, adecuadamente y sin rupturas bruscas, al chico que llegó de Cuba y el que empieza a caminar en Miami.