Ilumíname o Mi primera salida gay en Miami

 

 

Este post lo hice pensado para leerlo con música, luego me pareció demasiado enredado, pero no quise privarlos del lujo de escuchar el tema que lo motivó. Al final se los dejo, lo escuchan cuando a ustedes les parezca mejor.

Un conocido, al que desconocía hasta hace un par de días, pero del que tengo noticias hace varios años, se propuso salvar mi weekend cuando apenas le quedaban unos pocos minutos. Este chico es alguien a quien conozco desde hace tiempo, casi desde adolescente, pero no recuerdo haberlo visto nunca, no habíamos hablado y, según él, un par de veces quizá nuestra mirada se cruzó en algún sitio. Tenemos muy buenos amigos en común que, al menos a mí, me mantuvieron al tanto de él durante todos estos años.

La magia de la tecnología, los celulares, el email, el internet y esos buenos amigos en común, nos volvieron a conectar, pero más que todo eso, nos conectaron nuestra manera de pensar y de ver las cosas, los gustos por alguna música y sobre todo las poesías que acompañan todos mis días. La propuesta surgió casi de improviso: ¿Quieres venir esta noche conmigo a Azúcar?

Mira que me pierdo en la ciudad,
mira que estos pasos al vacío
saben que perdí la dirección,
abre una rendija nada más,
sálvame el instinto de crecer, ilumíname…

Dudé, se los aseguro.  Mi lado racional se hacía mil preguntas. ¿Qué conocía de él? ¿Valía tanto qué muchos de mis mejores amigos también fueran los suyos? ¿Eran tan importantes los gustos comunes como para subirme al auto de un extraño? Como casi siempre sucede, me dejé llevar por el sexto sentido que me indicaba que detrás de una mirada como la suya no podía esconderse peligro alguno. Acepté.

…Ilumíname con tu cara bella,
riega en el camino polvo de estrella,
llévate después mi voz y mi piel, pero hoy…

Un detalle me dejó saber que aún mi sexto sentido no me falla. El amigo bajó de su auto solo unos minutos y entró a mi casa cuando vino a recogerme. Poco después salíamos a tomarnos un helado antes de llegar a Sugar mientras continuábamos una charla que empezamos por teléfono y que nunca paramos.

Pensé que me sentiría incómodo, que en algún momento la conversación pararía y solo quedaría ese silencio embarazoso que a veces pasa entre dos personas que tienen muchas cosas que decirse pero no saben cómo hacerlo. Nunca pasó. Valieron los años que hace que nos conocemos a través de amigos, fuimos dos más contándonos pedazos de vida.

Ilumina el mundo con tu mirada,
riega con tu lumbre la madrugada…

Llegamos al club bajo una fina lluvia. No sabía que podía pasar detrás de aquellas puertas. Me imaginaba mil cosas, cualquiera pudiera transformarse al traspasar el umbral de un lugar tan permisivo como un club gay en Miami, pero ya estábamos allí y yo seguía confiando, casi ciegamente, en su mirada.

Nos sentamos y comenzamos a hablar mientras esperábamos el show de la famosa Maritriny. Hablábamos de cosas comunes, a él le fascina bailar casino y música tropical, se lamentaba de no estar en un club straight pues solo sabe bailar con mujeres. Yo bailando casino apenas marco el paso, si me dan una vuelta ahí mismo se me perdió la música.

No hubo un solo trago de alcohol, no hubo bailes, no hubo insinuaciones. Apenas algunos leves roces de nuestros rostros cuando nos acercábamos al oído del otro para podernos escuchar pues la música no nos dejaba conversar. ¡Se siente tan bien poder confiar en alguien tanto como para saber  que no pasará nada que no queramos!

llévate después mi voz y mi piel, pero hoy
ilumíname,  ilumíname…

Este amigo me regaló la noche que quería, no hubiera podido ponerle o quitarle algo más a lo que fue mi primera salida a un club gay en este país. La compañía perfecta es lo que hace a una salida perfecta y yo la tuve.

La noche terminó de regreso a mi casa, contándonos más trozos de vida mientras las luces de la carretera nos recordaban que, por más cerca que estemos del destino, siempre quedará camino por recorrer más adelante. Casi llegando, me regaló uno de los temas más lindos de los que se han compuesto en Cuba en los últimos 10 años. Liuba María Hevia sonaba más melancólica que nunca desde el audio de su auto y, de pronto, la madrugada se iluminó para mí.

…Mira que está aquí la soledad,
mira que me acechan sus ladridos,
mira, ya se duerme la ciudad,
abre una rendija nada más,
sálvame el instinto de crecer, ilumíname.

Ilumíname, por Liuba María Hevia

PD: Luego de bañarme aún tenía la melodía de Liuba en mis oídos. Decidí revisar mi celular pues en el club la música no me dejaba escuchar si alguien llamó o texteó. Por otra parte la charla y la compañía de mi amigo eran los suficientemente interesantes como para no buscar en otra parte.

El sabor que me dejó una noche tan linda no me permitió revisar mis mensajes hasta ese momento. Uno que recibí mientras estaba en el club, le cambió el final a este post y ha dejado en el aire lo que les contaré mañana: “Te estoy viendo. Eres igualito a cómo te vi antes.”