Te estoy viendo

Te estoy viendo

Photo by: El Recién Llegado

En Cuba siempre decimos que La Habana es tan chiquita que es difícil no conocerse. Con poco más de dos millones de personas puede resultar ingenuo afirmar una frase como esa, pero es algo que muchos suscriben. He podido escuchar lo mismo de Miami, cosa que me ha parecido mucho más increíble cuando revisé los datos de población de la ciudad… ¡Más de 5.4 millones de personas vivimos en los tres condados que componen el área metropolitana de Miami!
¿Qué posibilidad hay de que alguien como yo, acabado de llegar, que conoce a muy pocas personas fuera de su familia y que todavía no había tenido su primera salida nocturna en la ciudad, se tropiece en un sitio en donde quizá hayan 200 personas con uno de esos pocos que conoce?
Coincidirán conmigo en que la posibilidad es escasa, por no decir nula. Pero sí me sucedió. Ahí estaba un amigo, una de las primeras personas que conocí en Estados Unidos a través de este invento maravilloso que es el internet. Aun habiéndonos visto solo a través de una webcam y conversado muy pocas veces, me reconoció entre las luces intermitentes y los láser que inundaban Sugar este domingo.
“Te estoy viendo. Eres igualito a cómo te vi antes” fue lo que se limitó a enviarme como mensaje de texto a mi celular. Ni se acercó ni me saludó en el club. Cuando pude leer el mensaje y ver su remitente, poco antes de irme a la cama en una noche tan especial, no pude menos que asombrarme.
Luego me comentó que su timidez le había impedido acercarse a saludarme pues imaginó que el amigo que me acompañaba era mi pareja, que ha tenido algunos contratiempos con su vida y que ya se iba de Miami a la mañana siguiente. Es un amigo a quien quiero enormemente aunque creo que nunca se lo he dicho.
Alguien a quien respeto por la valentía con que ha enfrentado una vida dura que le ha llevado vivir en los pocos años que tiene y por quien siento una gran admiración. Tan inteligente como para estudiar una complicada carrera de ciencias, tan sensible como para escribir unas poesías preciosas y tan ingenuo como para creer en los signos zodiacales y tomarse el tiempo de hacer su carta astral.
Pero él no era el único de mis “conocidos” con quien pude tropezarme en Sugar sino fuera porque estaba tan absorto con mi compañía. Muchos de ustedes, estaban esa noche de domingo allí. Algunos me lo han comentado a través de Facebook o del email. Solo que habrían tenido dificultades para reconocer la mitad de mi rostro que ven día a día.
Entonces, ¿Miami es tan chiquito como La Habana o será que mi lista de amigos va creciendo más de lo que yo mismo puedo suponer? ¿Será que ya estoy menos solo que cuando comencé mi aventura en este país? ¿Será que todas esas personas que me han saludado y me han mandado felicitaciones se convertirán en algún momento en mis amigos? ¿Será?