Regalos

Las últimas 48 horas han estado llenas de regalos valiosos para mí. Ayer estuve ausente con ustedes por cosas de la vida diaria de cada viernes mío. Ese es el día en que nos reunimos toda la familia a comer juntos, quien cocina es el que lleva la peor parte pues tiene que preparar cena para más de 10 personas.

Leyéndolo así puede sonar extenuante, pero les aseguro que cada rato en que puedo tener a toda la familia bajo el mismo techo lo disfruto al máximo. Han sido tantos años separados que por más que tenga que trabajar siempre es un regalo enorme. Este fue uno de esos que guardaré conmigo para siempre.

¿Quieren mejor obsequio que la confianza de un amigo? También ayer alguien me regaló eso y la posibilidad de intercambiar un par de confesiones que de otra manera se nos hubieran quedado atoradas sin salir de los labios. Nos empeñamos a veces en guardar secretos solo para descubrir, al final, lo bien que se siente cuando dejan de serlo. Esa sensación de suavidad, junto a la confianza, me llegó desde el otro lado del Atlántico

El de hoy también ha sido un día agitado. En las mañanas seguí con mis clases de manejo para poder sacar mi licencia cuanto antes. Voy mejorando chicos, gracias a las porras que me han echado muchos de ustedes, a mi empeño y al de mis hermanos, que intentan que maneje perfectamente, antes de soltarme en la “gran ciudad”. Cada cosa nueva que aprendo es un obsequio que le saco, por la fuerza, a este país, tan escaso de cosas realmente gratis.

En la tarde, luego de acompañar a mi cuñada a una importante convención donde debía cantar, nos fuimos a una de las torturas mías en este país: Cenar fuera. Lo peor de todo fue que lo hicimos en un restaurant de comida americana…Applebee. Soy un desastre con las comidas que no conozco, ya les he contado eso. Hoy me fue mejor, creo que mi paladar va adaptándose, aunque aun encuentro muchas comidas picantes y otras no me saben a nada.

A pesar de eso fue rico volvernos a reunir hoy todos para irnos a cenar fuera. El dia se fue apagando entre risas, comidas raras para mi y un idioma del que entiendo muy poco aún. Fue justo en ese momento cuando alguien me regaló un amuleto, el mejor de todos los que le pueden regalar a uno. Me pidió que lo exhibiera adonde quiera que esta ciudad me lleve, pero yo lo guardaré en un lugar, pequeñito, donde conservo las cosas más valiosas que puedo tener. Un lujo como ese no debe andar mostrándose, al menos por ahora.

Poco después recibiría otro regalo de una persona a la que le encantan las sorpresas y ésta fue una de ellas. Me regaló una especie de llave que no lo es exactamente. Aún no sé si abrir la puerta o dejarla cerrada. Aunque no me guste lo que pueda encontrar del otro lado es difícil seguir adelante con esa puerta sin abrir, es como vivir en una casa en donde hay una habitación que nunca hemos explorado.

Las llaves son ambiguas. Sirven para encerrarte o para darte libertad, te protegen o te dejan al descubierto. Aun no se a dónde me llevará la puerta que, definitivamente, atravesaré, pero estoy seguro de que no me quedaré encerrado del otro lado. Nada malo puede venir de la persona que ha puesto esa llave en mis manos.

Aprendizaje, una confesión, un amuleto y una llave. Regalos que no tienen precio y que vienen de personas que tampoco lo tienen para mí. Muchas gracias a ellos por eso y a ustedes, por esperarme y regresar.