Muro

La ráfaga de comentarios que me trajo el post anterior aun me tiene en shock. Ya sabía que cada vez que se habla del famoso “Tema Cuba”, los cubanos de allá o de acá tenemos posiciones encontradas. Intenté decir lo que pensaba acerca de un tema musical tan controvertido como el de Ricardo Arjona. Les aseguro que, como él, medí cada palabra para no herir a nadie, pero aun así ha sido inevitable.

Muchos a través de Facebook, otros aquí mismo en el blog y otros tantos a mi correo personal. Creo que pocos se han quedado callados, si acaso yo, que tengo la costumbre de responder y agradecer cada uno de los comentarios que me dejan, he pasado por alto eso en mi último post.

Algunos de los que me dejaron sus criterios coincidían en lo intolerantes que podemos ser los cubanos para cualquier tema, otros hablaban de como nuestra ciudad se ha ido derrumbando y entre los escombros se les han ido pedazos de vida y recuerdos que ya no podrán mostrar a sus hijos más que en fotos.

He podido encontrar algo en común en casi todos los comentarios que me han dejado. La referencia a un muro, ya sea el de nuestro Malecón o el que nos ponemos delante para no ver más allá o para protegernos de los malas memorias. Algunos pretendiendo que el olor y los recuerdos que les lleguen desde el otro lado sean los mejores y otros levantando el muro más alto, para que nada pueda atravesarlo.

Ernesto Ariel Suarez comentaba que “definir la felicidad en Cuba, en La Habana, (…) es otro de esos esfuerzos que requiere la ayuda de lo real maravilloso” mientras que Waldo Galán Ramírez comentaba desde España que “aun así, hay mucha magia en esa Habana”. Por su parte otro Ernesto, esta vez Ernesto Ruvira Martínez nos decía que fue “muy feliz (en el Malecón), sobre todo mirando en la distancia, y también soy feliz ahora y contento de haberme largado, pero su presencia me encanta, no lo puedo evitar”.

Raul Proenza nos responsabilizaba a todos por la decadencia de nuestra ciudad, incluyéndose a él mismo en este comentario “La Habana se ha convertido en un mito y buscamos justificar aquellos recuerdos que por edad quizá disfrutamos algunos, la habana de los 60, de los 70 y hasta de los 80, es muy diferente a la actual, y creo que mucha culpa de eso la tenemos nosotros mismos , abandonamos nuestra responsabilidad y ahora tenemos que justificar esa acción”.

Otro amigo, Joel Rodríguez Riverón, insistía en el muro y recordaban al Malecón como “el lugar de los sueños, el muro es donde más los cubanos suenan con la otra orilla o desde donde miran los aviones volando” mientras Julio Zamora Bermudez, quien me prestó su muro en Facebook para el debate, decía que “el Malecón huele a muerte de hombres que han salido en busca de la libertad” y Vera Rodríguez recordaba que “en el Malecón me dieron el primer beso (…) también llore de angustia por no querer estar allí (y) despedí muchos amigos que se fueron en balsas y no los volví a ver”.

Mientras todo eso pasaba con el blog, otros amigos me hablaban de muros más personales. Los que ellos mismos han levantado para protegerse  de las cosas malas que puede traernos la vida. Uno lo construyó para que en el amor no le tomaran más el pelo. El otro lo hizo para que no se aprovecharan de su buena fe en el trabajo. De cualquier manera ellos también tienen sus propios muros y luchan porque el olor que les venga desde el otro lado sea el mejor.

¿No será más fácil derribarlos todos y vivir juntos en vez de marcar territorios con barreras? ¿Podremos algún día pasar por encima de los dolores y los tragos amargos para echar hacia adelante nuestras vidas? ¿Seremos capaces de derribar los muros que otros y nosotros hemos creado por tantos años?

Yo creo que sí. Tengo que creer que sí. Debo creer que ese amigo derribará su muro y permitirá que entre el amor, que el otro bajará la guardia y comenzará a confiar en quienes lo rodean. Tengo que tener la certeza que las decenas de comentarios que han llegado por varias vías son las pequeñas ventanas que han comenzado a abrirse en ese muro que nos rodea.

Quizá dentro de un tiempo el famoso puente ya no haga falta. No habrían dos extremos que unir, solo quedaría un espacio común en donde todos nos encontraríamos y nos daríamos un abrazo. No está en las manos de ningún gobierno, nosotros podemos. Solo tenemos que quererlo.

Esta canción es un regalo para todos los que se han tomado el trabajo de llegar hasta aquí, se sientan sobre el muro y le abren las ventanas.

Muro, Carlos Varela