Culpable

Pocas cosas hacen que me salga de mi día a día habitual. Escasamente me interesan las noticias y los noticieros aunque me mantengo al tanto de todo lo que sucede en el mundo, sobre todo en mi país y en este nuevo que me acoge. Desde ayer una noticia anda rondando casi todos los medios: Fidel Castro ha reconocido ser el responsable de la represión a los homosexuales dentro de la Revolución Cubana.

Frente a esto las opiniones se dividen entre dos opciones. Unos esperan que su sobrina, Mariela Castro, quien se autotituló representante de los gays cubanos, le pida cuentas y demande una disculpa pública. Otros esperan que esa disculpa venga voluntariamente de quien acaba de admitir la culpabilidad en un hecho tan lacerante para los derechos de las personas.

Creo que todos coincidimos en que ninguna de esas opciones sucederán. Ni Mariela pedirá cuentas ni Fidel Castro las rendirá, nunca ha sucedido  y no tiene por qué pasar ahora. Estoy seguro de a que muchas personas, dentro y fuera de Cuba, les importa poco o nada estas nuevas declaraciones, por eso sería bueno ponerle rostro a eso que se engloba bajo la palabra “represión” pero que para los gays cubanos ha tenido varias aristas.

Comenzó casi al triunfo de la Revolución y fue primeramente entre el gremio artístico. Muchos de los más populares cantantes, bailarines y actores cayeron en aquella cacería de brujas que se extendió hasta los escritores. Importantes dramaturgos cubanos estuvieron condenados durante muchos años a escribir para ser leídos solo por amigos y todo esto por ser (o parecer, que en aquel entonces daba igual) homosexuales.

Casi terminando la década de los 60 llegaron las UMAP, verdaderos campos de concentración en la que se agrupó también a los gays y se les imponía el trabajo forzado en la agricultura o en cualquier tarea que se decidiera. Las historias de quienes pasaron por estos sitios son verdaderamente de terror.

Estas Unidades Militares se mantuvieron durante toda la década del 70 hasta que llega en el 80 el éxodo del Mariel. Fueron muchos a los que sacaron prácticamente de sus casas para que se fueran de Cuba en aquellos barcos atestados de gente. Algunos se quedaron, aun cuando se impuso sobre ellos un estigma como homosexuales y contrarrevolucionarios. Asumieron las consecuencias de su doble condición y continuaron una vida casi al margen de la sociedad cubana.

Así pasaron los años 80 en un período casi romántico en la isla que terminó con la caída del muro de Berlín y la desaparición de la URSS, la que nos sostuvo en todos los ámbitos por varias décadas. A inicios de los 90, en plena crisis económica en la isla, se filma una película que puso en primera plana el tema de la represión homosexual en Cuba: Fresa y Chocolate.

Para ese momento yo solo era un adolescente, aún tenía novias y en mi círculo de amigos no había nadie que ostentara tal condición, pero, por suerte, mi familia nos educó en un ambiente de respeto por las personas, más allá de sus creencias, gustos o razas. El filme de Titón cambió, un poco, la manera en la que se vieron los gays a sí mismos en Cuba, pero la película demoró más de quince años para que pudiera pasarse en la televisión nacional.

En ese tiempo descubrí que era gay y comencé a sentir ya no una represión tan cruda como la que podía verse en los 60 o los 70, sino una especie de acoso, de recelo. Los amigos me contaban que tenían que salir corriendo de una fiesta gay porque había llegado la policía, a otros simplemente los subían al camión o a la patrulla sin ninguna razón más que su condición de homosexuales.

Ese es el acoso que hemos recibido la generación mía, esta famosa “generación Y” que tiene tan poco de rebelde y que anda regada por el mundo. No por eso debemos olvidar la que sufrieron personas de nuestra misma condición solo pocos años atrás. Aun cuando no hayamos pasado por las UMAP, no se nos haya vetado en nuestro trabajo, o un huevo lanzado desde un mitin de repudio no nos haya rozado el rostro, no debemos permitir que hechos como esos se olviden.

Cada vez que traigo historias como estas a mi blog muchas personas me comentan que la situación de los homosexuales en otros países es mucho peor de lo que ha sido en Cuba. Es un buen punto y en muchos casos es cierto, pero no por eso los gays cubanos debemos dejar de contar como ha sido nuestra realidad mientras vivimos en la isla.

Estoy de acuerdo en que muy poco, o nada, conseguiremos de quienes han sido los responsables de la represión y el acoso. No importa, no dejemos que nuestras historias se pierdan con nosotros. Hablemos de eso, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo. Dejémosle saber a todos, ahora que ya sabemos quién es el culpable, lo que ha sido para los gays en la isla eso que algunos llaman, eufemísticamente, Revolución Cubana.