La primera vez

Ayer conversábamos en la casa en plan familiar. Mi madre, mi tía y yo andábamos de chismosos contándonos cosas que habían pasado hace mucho, pero que no sabíamos unos de los otros. De tema en tema caímos en uno que hubiera preferido saltar. La primera relación sexual.

Fue muy cómico escuchar de boca de dos señoras de más de 60 años como vivieron ese momento de sus vidas. Mi tía, que es lo más divertido que conozco, contaba cómo llegó a su noche de bodas con el miedo a los hombres que le inculcaron en la familia. Recordó aquella historia en la que una amiga le aconsejó que no dejara que ninguno la tocara porque podía embarazarse y ella, niña e inocente, le huía a todos los hombres, temiendo tropezar con alguno y que, solo por eso, le empezara a crecer la barriga.

Su noche de bodas fue dramática. Tenía mucho miedo y no sabía qué hacer. Tiene en su mente el recuerdo de su mamá y su tía acariciándole el brazo y diciéndole que todo estaría bien mientras le guardaban en una bolsa varias gasas y almohadillas sanitarias “por si algo pasaba”. Ella solo sabía que debía estar desnuda, luego de eso no tenía claro nada más.

La historia de mi madre fue similar, no tenía la más mínima idea de lo que iba a suceder cuando su recién estrenado esposo cerró la puerta de la habitación del hotel. Tenía en su mente historias que había escuchado de sus amigas en las que las mujeres quedaban desgarradas y con hemorragias en su primera noche de sexo.

Entre risas pasaba la charla mientras les recordaba que para ellos tampoco debió haber sido muy buena su primera vez aunque estaba claro que no las tuvieron con ellas. Es difícil ser mujer, pero más difícil aún es ser hombre. A nosotros se nos exige ser los que sabemos, los que guiamos, los que enseñamos y, sobre todo, los que siempre estamos dispuestos para una relación sexual.

Cuarenta años después de las historias que mi madre y mi tía contaban, muchas personas se encuentran en la misma incertidumbre. Lo que preocupa ahora cuando se van por primera vez a la cama ya no es como se hace, la pornografía ha eliminado casi de cuajo cualquier duda sobre el acto en sí. La incertidumbre es ahora de otro tipo. ¿Le gustaré? ¿Funcionaré? ¿Será lo que espero?

Ellas reclamaban que sus padres no les hubieran hablado más sobre lo que podía pasar en una noche como aquella. Según decían, las madres debían hablarle del tema a las hijas y los padres a los hijos. Con una separación de responsabilidades tan simple se imaginarán que vino mi pregunta. ¿Y quién le debe hablar a un hijo homosexual? ¿La madre? ¿El padre? ¿Un amigo?

A veces siento que cada relación gay es como una primera vez. Nuestra vida sexual es bien complicada y matizada por varias categorías. No basta con saber que eres hombre y además gay, también vienen aquellas famosas condiciones de activo, pasivo, versátil y todas las otras que se encuentran entre esas tres. ¿En donde se buscan las respuestas a esas preguntas?

Por suerte yo ya paso de los treinta y me quedan pocas interrogantes sobre las relaciones sexuales, pero no siempre fue así. Hubo momentos en los que no sabía que hacer o como comportarme, pero luego descubrí que la clave está en tener una vida en común más allá de la cama. Haber compartido un jugo, una salida, una charla o una película pueden ser los mejores aliados a la hora de irte a la cama con alguien.

En todas estas cosas pensaba mientras las carcajadas de mi madre y mi tía inundaban la sala de la casa. Luego de que ellas habían contado sus historias me tocaba a mí seguir con las confesiones. Las dos voltearon a verme, en silencio pero con una enorme sonrisa en sus caras. Estoy seguro de que una pizca de rubor se asomó a mi rostro en ese momento, pero tener que cocinar es siempre un buen pretexto para salir de situaciones embarazosas.