Él, el chico, el muchacho y el otro

Él espera escondido tras unas columnas luego de darle instrucciones al chico joven que parece alguien muy cercano por la manera en la que se trataron. Nunca pensó, a su edad, estar metido en una de estas citas a ciegas, pero así es la soledad. En pleno siglo XXI con las webcams y las videollamadas no es muy común esta situación, pero prefirió mantener la incógnita hasta el final.

El chico, al que le dio instrucciones, aguarda ansioso unos pasos más adelante. No tiene idea de a quien espera, pero ya él le hará la señal cuando aparezca su cita. La idea, más que cualquier otra cosa, es saber quién vendrá, como luce y si es alguien a quien se pueda mostrar. Él ya sabe que es mucho más joven y, por lo que le ha contado el muchacho, le gusta hacer ejercicios.

Todo se complicó cuando él decidió mentir con su edad. Luego una mentira arrastró a la otra hasta que su persona quedó transformada en una totalmente distinta. Cuando intentó aclarar las cosas ya era demasiado tarde. Si todo salía bien hoy, tendría la oportunidad de mostrarse tal cual era, aun cuando el muchacho no quisiera saber nunca más de un viejo como él.

Estos meses de charla le habían descubierto un sentimiento que tenía escondido desde hacía muchos años y que no se creía capaz de disfrutar nunca más. A pesar de los 22 años del muchacho, le descubrió una ingenua madurez que solo él, con más de 50 de vida podía apreciar. Era como si el muchacho hubiera acumulado mucha experiencia en sus pocos años.

Vio cuando se acercaba, tenía la misma ropa que le había dicho e incluso traía en sus manos el libro aquel del que tanto habían hablado. Sin dudas era él. Lucía tal cual lo había imaginado en todas estas semanas. Le hizo el gesto acordado al chico que ocuparía su lugar y observó detrás de las columnas. El muchacho creyó reconocer en el chico a la persona con la que había hablado por todo este tiempo. Tenía la misma ropa que acordaron, no tenía dudas de que fuera él.

Él miraba todo a pocos pasos de distancia. El chico y su muchacho se entendían tan bien que no podía llegar y decirle que no era quien pensaba. Quizá sería mejor que todo quedara como hasta ahora. Ese muchacho no era para él, demasiado guapo, demasiado peligroso. No sería la primera vez que reprimiría aquel sentimiento, ya sabía cómo hacerlo.

Mientras ahogaba un suspiro y, con él, cada una de las emociones que le había despertado el muchacho en las últimas semanas, no se percató de que alguien más también miraba, con sentimientos parecidos a los suyos, a la pareja de recién conocidos desde un lugar cercano.

El otro, tampoco se atrevió a mostrarse tal cual era y decidió enviar a un amigo. Cuando escuchó que el chico que lo tenía encantado durante todo este tiempo solo tenía 24 años, no pudo menos que recortar su edad más de la mitad y decir que tenía 22. Era eso o perder para siempre lo que había descubierto en él.

No tenía la menor oportunidad de una relación con alguien a quien le doblaba los años. Aun así, su madurez y su inteligencia lo llevaron por senderos que hacía mucho que no caminaba. Era como si la persona al otro lado hubiera acumulado mucha experiencia de la vida en sus pocos años.

Ese chico no era para él, era demasiado guapo, demasiado peligroso. No sería la primera vez que reprimiría aquel sentimiento, ya sabía cómo hacerlo.