Máquina del tiempo

Maquina del tiempo

Archivo personal

En estos días he estado escaneando las fotos viejas para que no se nos pierda ese pedacito de historia familiar en medio de la era digital. Algunas tienen más de un siglo con nosotros y me devuelven la imagen de los padres de mi abuela, ataviados con la ropa y los peinados de principios del siglo pasado. Revisitar los momentos de la vida de mi familia es siempre un placer enorme.

En las tardes de lluvia en Cuba, cuando mis abuelos vivían, una de las cosas que más disfrutaba hacer era vaciar los cajones en los que guardábamos aquellos tesoros de papel amarillento y sentarme con ellos para que me empezaran a hacer las historias detrás de cada imagen, era una verdadera máquina del tiempo.

Mi primer encuentro con la historia de Cuba fue a través de esas fotos. Era muy pequeño, pero ya mi abuela me contaba de lo difícil que fue el período en que el presidente Machado regía los destinos del país, mientras veía una foto de ella con apenas 12 años en la que no podía reconocer a aquella niña enclenque, de pelo corto y con los labios tremendamente rojos.

Los gobiernos que le siguieron, una sucesión de mas de 4 en pocos años, estaban representados por algunas fotos con sus amigas y otras de mi abuelo, también soltero. Su foto de boda y aquel peinado que se hizo luego de haber ido a una peluquería en la que no le gustó como le acomodaron su larguísimo pelo rojo, marcó el inicio de los gobiernos del Partido Auténtico. Fue una etapa difícil para mis abuelos, se casaron en medio de una situación económica muy mala, apenas tuvieron dinero para tirarse solo una foto, que es la que les regalo con este post.

Casi justo nueve meses después nació mi madre, ahí están sus fotos siendo aún una bebita. Para ese entonces ya vivían en una céntrica esquina habanera y mi abuelo comenzaba a trabajar para la policía. Su imagen, de completo uniforme, y con unos ojos increíblemente claros me miraba, severo, desde cualquier lugar, mientras la silueta de una conocida iglesia habanera asomaba detrás de mis abuelos y mi madre pequeña.

A juzgar por las fotos, la etapa de Batista fue un momento feliz en la familia, pero no siempre debemos quedarnos con la primera impresión. Mi abuelo conspiraba desde las filas de la policía y apoyaba al movimiento 26 de julio que lideraba Fidel Castro. Aquellas sonrisas de mi abuela y sus largas trenzas recogidas en la nuca solo eran una máscara que cubría el desasosiego con que vivía los años 50. Casi pierde a su esposo en manos de un conocido torturador de la policía y su hermano tuvo que exiliarse en Miami por varios años. Aun así, sonreía y se mostraba feliz en cada instantánea junto a todos.

El inicio de la revolución solo quedó grabado en una foto de aquel famoso 8 de enero de 1959 en que Fidel Castro entró a la Habana. Se ven muchas personas felices en la calle, una especie de euforia se les reflejaba en los rostros. En aquellos meses, me imagino que ya mi abuela preparaba la fiesta de 15 de mi madre, de la que se conservan pocas fotos, pues tuvo la futurista idea de hacerlas todas en diapositivas de tercera dimensión. Si chicos, el 3D no es un invento de ahora, ya en aquella época existía y todas las imágenes de los 15 de mi madre fueron de esa forma, por eso solo se conservan las fotografías tradicionales y unas pocas de las diapositivas.

Muy poco le duró el glamour de aquel inmenso traje cosido por mi abuela con las telas compradas en la calle Muralla a un bajísimo precio, según me contaban las dos. Los años 60 los pasaron en medio de las movilizaciones de los tres y aquellas famosas “tareas de la revolución” también marcaron las instantáneas de mi familia que hoy escaneo.

Salvo las bodas de mi madre, no hay fotos de ninguna otra actividad social durante los años 60 y 70. Las largas trenzas de mi abuela desaparecieron cuando nació mi hermano mayor y ya después vinimos nosotros, que también le quitamos otras cosas como sus sayas o sus vestidos. Como nos dormía en sus piernas y nunca dejó de usar medias “pantis” tuvo que sustituir las sayas, que se le subían demasiado y dejaban ver lo que no se debía mostrar, por los pantalones, mucho más prácticos y para nada peligrosos para una señora como ella.

Nuestros cumpleaños con las clásicas fotos detrás del cake y las botellas de refresco haciendo figuras geométricas en la mesa a manera de adornos fue lo único que quedó de los años 80, nuestra casa fue cambiando y nosotros fuimos creciendo.

En los 90 ya cesaron las fotos y no tengo más hasta finales del siglo, en que comenzaron las fotos en colores y con un papel extremadamente brilloso, en las que siempre alguien faltaba. Fueron los años en los que la familia se dividió en dos: los de afuera y los de adentro.

Nunca más estuvimos juntos en una foto y ya no lo estaremos, faltan mis abuelos. Estoy buscando ansiosamente esa fotografía en la que estamos unidos todos por última vez, pero no creo que exista. Quizá la mejor manera de componer esa instantánea sea con el corazón, volviéndonos a reunir todos y sonreír, felices y despreocupados, durante las fracciones de segundos en que dure el flash de la cámara fotográfica.