Nubes, almuerzo, sonrisas

El día de hoy presagiaba que sería uno de esos atravesados. No bastó con que fuera miércoles y que me despertaran la lluvia y los truenos, sino que tuve que recibir aquella llamada que me cambió cada uno de los minutos que tenía planeados desde hace mas de una semana. Muchas veces no podemos evitar que alguna mala noticia aparezca y nos nuble el día, pero si podemos mejorar la manera en la que enfrentamos eso para que en nuestra jornada vuelva a salir el sol.

Hoy, luego de aquella llamada, decidí probar de mi propio caldo y no permitir que este miércoles se me echara a perder con amarguras. En medio de un mediodía lluvioso decidí seguir probando mi libertad tras el volante y salí a almorzar con Mr. A.

A él ya lo conocen, es este amigo super especial que me ha acompañado casi desde que llegué a este país. Teníamos tantas cosas que contarnos y que hemos ido aplazando porque no hemos tenido tiempo de hablar, que sería una bendición ponernos al día hoy frente a frente.

Él; temeroso de que, con mi poca experiencia manejando, me fuera a perder para llegar al restaurante que me dijo. Yo, disfrazando mi miedo con esa máscara de valor y seguridad que a veces me pongo. Finalmente llegamos al restaurante y nos sentamos a conversar.

Los encuentros con Mr. A siempre son peculiares, es un ser con esa mezcla de vulnerabilidad y descaro de la que ya les he hablado y con quien no se puede ser menos que auténtico, honesto y sincero. Sus juicios sobre cada una de las cosas que me van pasando en este país siempre llegan en el momento y en el tono justo. Nada mejor para este miércoles.

Me reí mucho, me dejó pensando en otras cosas de las que hablamos y, como casi siempre sucede cuando nos encontramos, me alegró el día. Me hizo descubrir que la noticia no era tan mala y calmó un poco la ansiedad que me dejó el amanecer. Es bueno saber que, en un país como éste, puedo contar con alguien como él.

Mr. A no ha sido el único que me ha dado ánimos hoy. Las porras han llegado desde casi todas partes, mi familia, mis amigos, esa personita especial que, con tal de animarme, me regaló un tema de salsa para que se disipara la angustia y me dejó saber que estaba ahí para lo que necesitara. Es una verdadera fortuna poder contar con todos cuando se nos llena de nubes el cielo.

No siempre podemos evitar los malos momentos que no esperamos, pero si estamos rodeados de las personas adecuadas, estoy seguro de que no habrá dificultad que pueda quitarnos la sonrisa. Yo la recuperé hoy, espero que ustedes la conserven siempre.