Viaje

Fotomontaje personal

Mientras en nuestra pequeña isla corría aquel eufórico año de 1959, al otro lado del mundo, en la entonces URSS se celebraba un gran acontecimiento mundial. Un día como hoy, 14 de septiembre, alunizaría el primer artefacto construido por humanos.

Es una fecha que poco se recuerda, la mediática caminata que Armstrong haría para colocar la bandera norteamericana en suelo lunar lo opacaría diez años después, pero sería difícil que, sin aquel logro de los que siempre fueron para nosotros los “rusos”, se hubiera podido conseguir tan polémica hazaña.

Un día como hoy debemos recordar la última vez en que la luna dejó de ser solo un pretexto para poetas, enamorados y hombres lobo. A partir de entonces se convertiría en un terreno más de conquista y un gigantesco laboratorio de investigaciones.

Cincuenta y un años después, este cubanito, que tiene muy poco de intrépido y de valiente, ha salido por primera vez a hacer un viaje que le parece tan largo, riesgoso y emocionante como debió ser aquel primer envío de esa “nave” a la luna. He salido, con mi flamante licencia de conducción, a recorrer las calles de Miami, solo, con la música de mi auto recitando melodías en inglés y con el mismo espíritu de aventura con que aquellos hombres se lanzaron al espacio.

Miami, mucho menos oscuro que la luna, también me parece un terreno más al que debo conquistar y un gigantesco laboratorio en el que realizaré las primeras investigaciones por mi propia cuenta. Siempre renegué de la famosa “sensación de libertad” que todos dicen sentir tras el volante, pero hoy pude experimentarla en toda su amplitud.

Mi auto es mi espacio en el mundo. Por muy lejos que esté, haga lluvia o sol afuera, ese pequeño espacio, gris y climatizado, siempre será mío. No tengo noticias de cómo se sintieron los hombres que guiaron por primera vez aquel artefacto hacia la luna para dejarnos sin incógnitas sobre su suelo, pero si les puedo decir que este primer viaje por Miami, comandado por mí mismo, ha sido una de las experiencias más liberadoras que he vivido.

Si la libertad existe, debe parecerse a esta sensación que hoy tuve detrás del volante de mi auto. Solo quisiera no tener que esperar diez años antes de que pueda plantar mi propia bandera en algún sitio de esta ciudad, aunque de alguna manera este blog también es mi sitio. Aquí está mi bandera.