Dios y yo

Por y para Julio

Recien Llegado: estara bien que hable de la religión y de mi relación con Dios?
Recien Llegado: no sera un tema muy polémico?
Julito: NOOOO
Julito: HABLA!!!

Siempre he tenido un respeto muy especial por las personas que tienen fe en algo. Da lo mismo que sea en el horóscopo, en los santos, en un amuleto, o en el calendario maya. Yo, criado en medio de una familia católica convertida en atea gracias a la Revolución, tengo muy poca confianza en cualquier cosa que esté fuera del alcance de mis manos.

Debo reconocer que, a pesar de no practicar ninguna religión, tengo una relación muy particular con Dios, o al menos con lo que yo creo que es ese Dios. Para mí, Él no está en el cielo, velando cada paso que damos y listo para juzgarnos, Dios está dentro de nosotros y es esa capacidad que tenemos, no solo para distinguir lo bueno de lo malo, sino para escoger, casi siempre, el camino del bien.

Leyéndolo así, mi Dios, puede recordar a aquel “Pepe Grillo” que aconsejaba a Pinocho no meterse en problemas, quizá su mensaje llegue desde ese amigo verde y simpático pero creo que, básicamente, Dios es una energía que nos llega desde todas partes. Cuando Él quiere mandarnos un mensaje, todo a nuestro alrededor conspira para que nos llegue.

Muchas veces el primer aviso viene desde dentro de mí mismo, una pequeña luz de alerta se enciende cuando algo me dice que voy mal. El mensaje siempre está ahí, solo que algunas veces no he querido escucharlo, entonces vuelve a llegar el mismo recado en la voz de ese amigo o en la letra de aquella canción y hasta en las páginas de ese libro.

Aun con tantas vías que usa mi Dios para comunicarse conmigo lo he dejado de escuchar muchas veces. Unas, porque no he sabido descifrar su mensaje, que no siempre es muy claro, otras porque he estado pendiente a otras cosas y he descuidado comunicarme con Él y otras tantas porque no he querido escuchar, que soy cabeciduro también.

Muchas de las marcas que me acompañan por la vida han sido “obsequios” que mi Dios me ha dejado para recordarme que Él siempre vela por mí. Otros pudieran verlo como “castigos” que me ha dado por no haberlo escuchado. Les aseguro que no, cada error cometido en la vida ha sido no solo una oportunidad de rectificar, sino una prueba de que no soy perfecto y que, cada día, el sol sale para que aprenda algo nuevo.