Juanes con la camisa blanca, un año después

Este lunes 20 de septiembre hace exactamente un año que se hiciera en Cuba aquel polémico concierto Paz sin Fronteras, en el que se reunieran, por primera vez, artistas de talla internacional junto a algunos de los más destacados del patio en un mega evento sin precedentes en la Plaza de la Revolución.

El concierto vino a dividir a los cubanos de Miami en dos grandes grupos: Los que lo apoyaban y los que lo rechazaban categóricamente. Pocos se abstuvieron de alistarse en uno de los bandos. Medios de comunicación, televisoras, políticos, artistas y la gente de a pie, todos se ubicaron en los dos bandos. La mesa estaba servida para una de las más grandes polémicas que se ha dado en los últimos años en esta ciudad.

Mientras todo eso pasaba en esta orilla, nosotros, allá en la isla, vivíamos cada preparativo con un poco de recelo, se los aseguro. Yo, al menos, no creí que se daría el concierto hasta que no vi aquella pésima entrevista que le hicieran a Olga Tañón en el aeropuerto José Martí en la que el periodista le preguntaba si tenía las raíces latinas desde pequeña.

Ella, sin dudas, se robó el concierto y a los cubanos. Caminó por los barrios más pobres de la Habana entregando las cosas que llevaba en las propias manos de las personas que lo necesitaban, se convirtió en una especie de mito. Leyendas se tejieron alrededor de ella y de su visita a Cuba. Algunos dicen que regaló sus prendas al terminar la presentación, otros, que llevó kilogramos de medicinas para enfermos de SIDA.

Lo cierto es que, un año después, muchos de los cubanos en la isla solo recuerdan de aquel concierto los labios inmensamente rojos de Olga y una Plaza de la Revolución teñida, por primera vez, de blanco en nombre de una convocatoria a luchar por la paz sin fronteras.

¿Qué ha cambiado en Cuba un año después del concierto? Mucho, se los aseguro, pero creo que nada ha tenido que ver con la música de Juanes, Olga Tañón y Miguel Bosé en la Plaza. Y es que, quizá, se esperaban demasiadas cosas de un concierto que no podía dar más que un poco de alegría en medio de tantas necesidades en la isla.

Sus organizadores y sus detractores pusieron demasiado empeño en que se debía llevar un mensaje en aquel concierto. Los cubanos solo queríamos lo contrario, un día en el año sin que algo tuviera un mensaje, queríamos una fiesta por que sí, sin más interés que la propia fiesta.

Después han pasado muchas cosas, Cuba no es la misma que era hace un año, más por la presión de las huelgas de hambre, las marchas de las Damas, también de blanco, la mediación de la Iglesia Católica o la terrible crisis económica en la que se encuentra. Juanes y sus acompañantes siguieron con sus carreras y el evento en la Plaza fue quedándose atrás.

Más que las lágrimas del final del concierto, los gritos del público cuando Silvio Rodríguez cantó su ambiguo “Ojalá” o los abucheos a Amaury Pérez,  recuerdo particularmente la letra de una canción que cantaron Juanes y Miguel Bosé aquella tarde. El tema derramó una especie de energía sobre los asistentes que, luego de más de 3 horas del terrible sol del Caribe quedaron como hipnotizados con su letra mientras los dos pedían, desde el escenario, que los chicos gritaran este estribillo.

Dame una isla en el medio del mar,

Llámala Libertad

Dime que el viento no, no la hundirá,

Llámala Libertad.