Negación

Muchos amigos, que no son cubanos, me preguntan cómo se puede sobrevivir en un país como Cuba, con tantas escaseces y tantas libertades coartadas. La clave es la negación. Negamos que estemos cansados, negamos que estemos asustados, negamos que tengamos hambre y, lo más importante, negamos hasta que estamos en proceso de negación.

Solo vemos lo que queremos ver, creemos en lo que queremos creer, y funciona. Nos mentimos a nosotros mismos hasta tal punto que, al cabo del tiempo, nos empezamos a creer nuestra propia mentira. Negamos tanto que no reconocemos la verdad que está frente a nuestras narices. Cuba se convierte en ese escenario prefabricado que tenemos en nuestra mente.

A veces la realidad nos hace una travesura, se asoma y nos da una mordida en medio de ese mundo que construimos. Cuando esa gran farsa estalla solo nos queda nadar o hundirnos, no hay más opciones. Unos escogemos irnos del país, otros protestan, hacen marchas o huelgas de hambre, pero cada uno de nosotros hemos estado ahí dentro, en medio de esa Cuba de cartulina creada por nosotros mismos. El mundo de la mentira es una jaula que nos encierra, no una burbuja donde aislarnos de los problemas.

Solo nos podremos engañar a nosotros mismos hasta un punto, la mentira nunca dura para siempre. Estuvimos cansados, tuvimos miedo, negárnoslo nunca cambió la realidad. Antes o después tendremos que dejar a un lado nuestra negación, que muchas veces nos traemos a otros países,  y enfrentarnos al mundo real, nadar de la mejor manera que podamos y hacia donde creemos que es el destino correcto. La negación no es un río, es todo un océano, así que ¿cómo consigues no ahogarte en él?