Adultos

Después de mucho pensarlo y de algunas noches sin dormir, les compartiré una conclusión a la que he llegado:  los adultos no existen. Nos mudamos a casas nuevas, nos independizamos, nos alejamos de nuestras familias y formamos una propia solo con tal de serlo. Nuestras inseguridades, nuestros miedos y todas esas viejas cicatrices, de las que les hablé en el otro post, crecen con nosotros pero nada de eso nos llevará a ser, por fin, un adulto.

Nos hacemos más grandes, más altos, más mayores, nos empieza a salir (para luego caerse) pelo en lugares inimaginados y hasta afloran algunas arrugas en el rostro, pero básicamente seguimos siendo un bulto de niños corriendo en el patio de la escuela, haciendo lo imposible por encajar con los demás.

He oído que sí es posible madurar, muchos libros definen desde la sicología, la sociología y cuanta ciencia existe, ese proceso mediante el cual, supuestamente, dejamos de ser niños y nos convertimos en personas adultas. Es algo así como cambiar los juguetes y los sueños por las responsabilidades que la vida nos va dejando.

Mi problema es que he conocido a muy pocas personas que realmente lo hayan hecho, cuando ya no tenemos padres a los que desafiar, rompemos las reglas que nos creamos para nosotros mismos, cogemos rabietas cuando las cosas no salen como queremos, nos contamos secretos con nuestros mejores amigos en la oscuridad, buscamos consuelo donde podamos encontrarlo y soñamos, en contra de toda lógica, en contra de toda experiencia y en contra de todos aquellos libros… como los niños, nunca dejamos de soñar.