Mentira

 

 

Como seres humanos estamos predispuestos a ser escépticos con las personas a las que no conocemos. En esa primera cita o en una entrevista de trabajo nos mienten bochornosamente. Mentir está mal o, al menos,  eso es lo que nos dicen continuamente.

Desde que nacemos, la honestidad es nuestro mejor seguro. La sinceridad está entre las cualidades más valoradas por las personas. Contrariamente, somos nosotros mismos,  quienes tanto la valoramos, los que llenamos nuestra vida,  y la de otros, con mentiras. No importa cuántas veces hayamos escuchado aquello de que la verdad te liberará y cosas por el estilo, lo cierto es que mentir es una necesidad para muchos.

Esta tarde, en esa especie de comunidad virtual en que se ha convertido Facebook para mí, un amigo entraba en un debate sobre mentir y si existen las famosas mentiras piadosas y qué tan piadosas pueden ser. No tengo muchos detalles sobre qué evento de su vida le motivó aquellas reflexiones pero todo parece indicar que se tropezó con una de esas puñaladas que le da la vida a uno con forma de farsas.

Por suerte yo he intentado vivir mi vida lo más alejado posible de ella, aunque no he podido evitar que, en algún momento, me haya rozado. Pienso que la mentira es igual a un camino con doble vía. Sea cual sea nuestro destino, en algún momento nos subimos a él si queremos llegar. Lo ideal sería que solo nos subiéramos por unas pocas cuadras, pero hay quienes hacen de la mentira su propio estilo de vida.

Algunos dicen que mentimos porque la mayoría de las personas no están preparadas para la verdad, otros acuden a aquellas mentiras piadosas, de las que les hablaba antes, porque creen que de esa manera evitarán un sufrimiento, que ellos consideran mucho mayor que el propio hecho de mentirles, a las personas a las que quieren.

Esas son las que decimos nosotros para los demás, pero… ¿Qué hay de las que nos regalamos a nosotros mismos? Yo creo que nos mentimos, básicamente,  porque la verdad… la verdad duele y nos duele mucho, chicos. ¿Cuántas veces nos hemos escondido algo? ¿Cuántos hechos disfrazamos, continuamente, para que luzcan como queremos?

No importa cuánto nos esforcemos en ignorarlo o en negarlo. Con el tiempo, las mentiras quedan al descubierto tanto si nos gusta como si no. Pero la verdad también tiene su secretico y se les voy a contar. Les diré la única y absoluta verdad que he descubierto sobre La Verdad: La verdad duele, por eso mentimos.

Sería perfecto encontrar un analgésico para ese dolor. Lo mejor que he podido descubrir como antídoto es el conocimiento de nosotros mismos, de nuestras capacidades y de nuestras debilidades. Saber donde están nuestros límites nos permitirá mantenernos dentro de esa zona de seguridad o, por el contrario, romper la cerca y ponerla un poco más allá. Esa es una mejor manera de crecer como personas, conociéndonos exactamente como somos, aunque muchos otros prefieran seguir viviendo en la mentira, para que su verdad no les duela.