Regreso a Cuba

No sé si a ustedes les pase lo mismo, pero yo guardo mil cosas en mi billetera. Los recibos del mercado, las tarjetas del metro cuando usaba el transporte público de Miami, el menudo, algo de dinero, mis ID y tantas tarjetas que empieza a tener uno aquí cuando llega, ya saben, Medicaid, Permiso de Trabajo y todas esas cosas que se deben tener guardadas en otro sitio.

Hoy decidí vaciar un poco mi billetera. Ya estaba demasiado abultada para el poco dinero que guardaba. La que tengo es la misma que me traje de Cuba. Negra, hecha de una muy mala imitación de piel y con un logo de Lacoste mucho más falso que aquella piel hecha de una mezcla de plástico y goma.

Cuando vacié todos los espacios que tenía descubrí, detrás de unas tarjetas comerciales, algo que me traje de Cuba y que no había sacado de ahí desde el día antes de tomar el avión que me trajo a Miami. Es un juego de pequeñas llaves que cerraban el candado del equipaje que vino conmigo desde la isla. Nunca cerré aquel diminuto candado y, por ende, nunca usé las llaves.

Son tres, idénticas, y su principal objetivo era proteger las pocas cosas que me pude traer desde mi casa. Apenas un par de adornos, muy queridos por mi familia, el contenido de más de tres gavetas de fotografías de todos los tiempos, muchos documentos que guardan momentos totalmente intrascendentes pero que hacen la historia de la familia y algunos libros.

Salvo los adornos y algunas fotos, no he vuelto a ver ninguna de esas cosas, ni siquiera para sacarlas de las bolsas en las que vinieron. Probablemente estén tiradas en el fondo de alguno de los closet de la casa esperando a que nos decidamos a acomodarlas. A pesar de que salieron de la maleta en que vinieron de Cuba, de alguna manera las llaves que tenía tan bien guardadas en mi billetera las han escondido hasta ahora.

Inconscientemente he estado todos estos meses protegiéndolas y protegiéndome de los recuerdos que, sin duda, me traerán. Ya no tengo excusas para seguir haciéndolo. Será difícil, pero debo hacer mi viaje de regreso a Cuba a través de esas memorias que aún guardo en bolsas con logos de tiendas cubanas.