Cansado

Hoy no tengo nada emotivo de que escribirles. No quiero hablar de amor ni de desamor, mucho menos de aprendizajes o de esas lecciones que la vida nos da. Hoy estoy realmente cansado. Es un cansancio viejo, uno de esos que llevamos por mucho tiempo pegado a la piel y que parece un pequeño lunar que procuramos no ver.

Nos vestimos y lo cubrimos, nos bañamos y lo restregamos para intentar sacarlo, tratamos de no pasar la vista sobre él pero, un día, esa pequeña manchita comienza a crecer y en pocas horas se apodera de todo el cuerpo y no tienes más que un gran cansancio abrazándote.

Hoy diera toda mi fortuna (que es casi nada) por tener a mis amigos conmigo. Esos a los que dejé en Cuba y de los que apenas he podido tener noticia en estos meses. Pagaría cualquier precio por poder llamarlos y conversar durante horas, como hacíamos cuando vivía allá, pero la vida es más fuerte que cualquier intento de regresar el tiempo.

Aunque tuviera todo el dinero del mundo y pudiera volver a conversar con ellos, probablemente no me entenderían. No supieran determinar por qué éste cansancio me pesa tanto. Seguramente pensarían que es gorrión, o que estoy deprimido porque llevo semanas buscando trabajo y no logro encontrar nada.

Quizá hasta piensen que estoy exagerando. ¿Cómo es posible que estés cansado o aburrido con más de 200 canales de televisión? ¡Mijo pero si tienes internet con una velocidad enorme las 24 horas del día! ¡Por Dios, papito, tienes un carro parqueado allá afuera, gasolina y tu licencia de conducción! ¡¿Qué más quieres?!

Quisiera poder contarles hoy de la llamada con que me despertó Mr. A en la mañana y que me hizo salir de la cama con una sonrisa (sus llamadas siempre terminan por sacarme la carcajada, aunque tenga días como éste) o poder contarles de la película que vi al mediodía, pero ellos no conocen a Mr. A y, probablemente, no sabrían de qué película les hablo.

Creo que, oficialmente, he perdido a mis amigos de Cuba y se han convertido en solo viejos conocidos, como esos compañeros de escuela a los que veíamos todos los días y con los que compartíamos desde la merienda hasta los secretos más íntimos pero que cuando los reencontramos, al pasar el tiempo, solo tenemos frente a frente a un gran vacío de años y de vida.

Descansaré y procuraré que éste día termine cuanto antes. Lo conseguiré y tendré que hacerlo solo esta vez. Nada de apoyos, nada de muletas, nada de llamadas telefónicas. Mañana, si todo sale bien, regresaré con ustedes y volveré a ser el de antes, se los aseguro.