Luchar o huir

 

Luchar o huir

Fotografía de Horacio Coppola

 

Las personas creemos que necesitamos muchas cosas para sentirnos vivos. Familia, amor, carrera, dinero, sexo. La verdad es una. Solo hay algo que es imprescindible para estar vivos realmente: Un corazón que lata de manera regular.

Cuando nuestro corazón ve amenazada su actividad principal, que es mantenernos con vida, respondemos de una de dos maneras: O corremos… o atacamos. Los sociólogos y los sicólogos tienen bien identificado este instinto, le llaman “luchar o huir”. Dicen ellos que viene con nosotros desde que estábamos cubiertos de pelos y solo emitíamos ruidos con nuestra boca.

Es una de esas cosas que tenemos tan metidas en nuestras entrañas que es muy difícil abstenerse, lo hacemos como algo innato. En fracciones de segundos debemos tomar la decisión, hacer los cálculos, evaluar los riesgos y las posibilidades de salir victoriosos. Pero no siempre esa decisión la tomamos tan rápido. A veces esas fracciones de segundos pueden convertirse en días y hasta en meses.

En medio de eso, quedamos como aquellas escenas en cámara lenta en una de esas películas de horror. Permanecemos atontados frente a lo que nos amenaza, la vida y la gente pasando a nuestro lado con su ritmo de siempre y nosotros ahí, frente a frente con eso que creemos que nos pone en peligro.

¿Será que ante una amenaza a nuestro corazón solo tenemos esas dos opciones? ¿No será que aquellos prestigiosos científicos olvidaron colocar alguna más? Quizá todas las decisiones no deberíamos tomarlas así, en fracciones de segundos. A veces sería bueno quedarnos en cámara lenta y ver qué tan peligroso puede ser lo que nos amenaza.

Evaluar lo que podemos perder o lo que podemos ganar sería una buena decisión aunque nos tome más tiempo del que dicen nuestros genes. Siempre nos quedará para luego aquello de “luchar o huir”. Después de todo es un instinto, no podemos controlarlo. ¿O sí?