Dejarlo ir

Hace algún tiempo que tenía deseos de ver una película que, al subir los créditos, me dejara la sensación de que podemos conseguir todo lo que nos proponemos . Hoy pude ver una de esas, My name is Khan, una producción entre India y Estados Unidos que les recomiendo especialmente para cuando piensen que todo está perdido.

Es una película que nos hace creer que todo es posible pero sin el aderezo ingenuo de la mayoría de las producciones de Hollywood, o quizá con él. No soy crítico de cine y mi apreciación de las artes depende mucho del estado de ánimo que me provoquen.

Una escena, menos de 15 segundos de las más de dos horas que tiene el filme, me hizo revivir un insólito suceso relacionado con algo de lo más triste que he vivido en los últimos años. Uno de los personajes de la película soltaba unos globos para, de alguna manera, liberar el dolor que siente por la pérdida de un ser querido.

Cuando murió mi abuela le recomendé a mi madre que hiciera eso. Por aquellos días nos comunicábamos ella y yo a través del chat, un amigo con una cuenta de Internet me daba esa oportunidad en medio de días tan duros. De esa manera pude pasarle éste consejo que me dio una amiga sicóloga.

Para mi madre fue muy difícil la muerte de mi abuela, lo fue para todos pero para ella fue bien duro. El hecho de que viviera en este país hizo que sintiera que, de alguna manera, no estuvo junto a su madre en los últimos momentos. Ella es una mujer fuerte y no es de las que muestre sus sentimientos, eso le hizo más complejo todo el proceso del duelo.

Justo al día siguiente de que habláramos sobre la técnica de soltar los globos para dejar ir un poco del dolor que sentimos cuando perdemos a alguien, mi madre salía a su trabajo como cada mañana y, en el portal de la casa, la esperaba un globo rosado, el color que más le gustaba a mi abuela.

Ni mi madre ni mis hermanos supieron nunca cómo llegó aquel globo hasta allá cuando apenas amanecía, pero para ella fue una señal de que mi abuela intentaba que su dolor pasara. A partir de ese día ha aprendido a sobrellevar una pérdida por la que todavía, más de dos años después, suelta alguna lágrima cuando nadie la ve.

No sé cuál es la magia o el efecto sicológico que pueda tener aquello de soltar una de esas bolas elásticas de colores y ver como se pierde en el cielo. Debe ser un esfuerzo para intentar materializar la salida de un dolor que nos agobia y con el que, muchas veces, no podemos lidiar. La vida no siempre es fácil pero en bueno saber que, en esos momentos en que nos golpea, podemos dejar salir el sufrimiento y ver como se pierde en el cielo junto con un globo.

Yo no he inflado uno en muchos años, en cambio, cada día voy llenando este blog con mis tristezas, mis logros, algunas frustraciones y también con mis alegrías. Aun no se me ha perdido en el horizonte pero, de vez en cuando, sus palabras me rebotan con ecos, cercanos y lejanos, desde ciudades amuralladas, iluminadas por exorbitantes luces de neón, refrescadas por brisas marinas y con algún que otro exótico olor que no sabría ubicar en el mapa.