Punto medio

En la vida solo tenemos dos cosas seguras aparte de los impuestos (a ellos los descubrí en estos meses): nos moriremos en algún momento y, más de una vez, haremos daño a alguien y nos lo harán a nosotros. Lo peor de esto es que ese daño, probablemente, será entre personas cercanas, algunas de las que más se quieren.

Creo que el principal motivo por el que hacemos daño es esa manía de defender lo que creemos que es “nuestra parte”. No importa si la otra persona tiene razón o no, no importa si entendimos lo que nos quisieron decir o no, no importa ni siquiera si eso que entendemos por “nuestra parte” realmente lo es.

Cuando hay conflictos muchos cerramos filas para empezar a resguardar lo que creemos que entra dentro de las categorías del “mi”. Ese pronombre, posesivo por más señas, se le antepone a cualquier sustantivo y ahí salimos a defender lo que ingenuamente pensamos que es “mi casa”, “mi familia”, “mi país”, “mi dinero” o hasta un concepto tan relativo como aquel de “mi verdad”.

La historia nos ha convertido en seres sociales, interdependientes unos de otros pero no ha podido lograr sacarnos ese pedacito de animal solitario que llevamos muy adentro. La familia, los amigos, los vecinos y hasta los residentes de un país formamos manadas, da igual su tamaño,  con intereses comunes y tantas particularidades como personas las compongan.

Muchos no hemos aprendido a encontrar ese punto medio en el que deberíamos situarnos para resolver nuestros conflictos, por eso hacemos – y nos hacen – daño inevitablemente. ¡Qué bueno sería poder encontrar una regla para medir ese justo medio con la precisión de los milímetros!

No siempre sabemos dónde está ese punto exactamente, en esos momentos creo que debemos mirarnos a los ojos y buscar en ellos nuestras semejanzas. Las tenemos, chicos, por algo somos familia, amigos, vecinos o todos de un mismo país. Por alguna razón hemos compartido algún pedazo de vida juntos y, caprichosa como es ella, nos ha puesto en medio de un conflicto.

Como lo más seguro es que cometamos errores y nos hagamos daño, lo mejor es apertrecharnos bien con eso que tenemos en común, eso que nos ha mantenido unidos durante todo este tiempo. No tendremos la regla para medir el punto medio con precisión, pero siempre nos quedará el corazón para sabernos ubicar en el lugar correcto y tratar de que el daño que hagamos sea el menor posible.