Mi primera noche sin Laptop

Ayer estuve intentando actualizar el iPhone de mi hermano pero todo esfuerzo fue en vano. Tuvo que terminar llevándolo a la tienda de Apple junto con la Laptop para que dejaran instalado todos los programas y los drivers y poder seguir haciéndolo desde la casa. Eso hizo que anoche fuera mi primera vez sin computadora  desde que llegué de Cuba.

Alrededor de las nueve de la noche ya sabía que él no regresaría a la casa, estaba en la de su novia. Desde allí me contó que todo había salido bien y ya tenía teléfono de nuevo pero, a esa hora, no regresaría solo para traerme la Laptop y, por lo tanto, yo estaría offline toda la noche.

Me preparé sicológicamente, después de todo, una noche sin computadora portátil – y sin Internet – no es nada del otro mundo, tengo varios libros que no he leído, revistas, televisión y algunas películas que me quedan por ver, así que no pasaría nada.

El primer síntoma de que sería una noche larga fue la sensación de que algo faltaba al entrar a mi cuarto, el espacio vacío donde habitualmente me siento a escribirles saltaba a la vista, pero no me dejé impresionar por eso. Tomé unas revistas que tenía por leer desde el mes de junio y me acomodé en la cama a leer los artículos.

Ni la selección de las cien personas más creativas del primer semestre del año, ni los consejos para abrir nuevas empresas, ni mucho menos las lecciones de fotografía que venían en sus páginas me hicieron olvidar que no tenía a mi amada con nombre japonés – Toshiba – pero, aun, me quedaban más opciones. Podía ver una película, Netflix tiene bastantes que puedo ver de manera instantánea desde el TV de la sala.

Conectarme al servicio de Netflix me hizo sentir online de alguna manera, pero ¡oh maravillas de la tecnología! ¿Cómo podía seleccionar la película que quería ver si no lo hacía previamente en el sitio web del servicio? Lo único que me aparecía en la lista de filmes disponibles era el rezago de una tarde nostálgica en que decidimos ver películas cubanas desde Netflix. Buena Vista social club, Un hombre de éxito, Amada y hasta Vampiros en La Habana eran algunos de los títulos a los que tenía acceso. No era una buena decisión, así que apagué el TV y me regresé a mi cuarto.

Después de repasar una y otra vez la lista de la TV grabada que tenía en el DVR, las carteleras de todos los canales y hasta los shows que tenían en OnDemand ya tenía claro que la noche se alargaría por mucho más tiempo. Hasta estuve tentado de ver “Lo mejor de Laura en América” en la madrugada de ayer, pero por suerte mi cordura no me permitió auto flagelarme de esa manera.

¡Aún me quedaba una última oportunidad para poder estar online! ¡Conectarme a la Internet desde mi celular! Desde ahí revisé las noticias y pude acceder a mi cuenta de correo. Las poco más tres pulgadas de ancho de la pantalla de mi teléfono fueron una rendijita por donde me asomé a la internet anoche. Eso hizo que el sueño viniera enseguida, más por lo incómodo de la lectura que porque me hubiera calmado la ansiedad.

De cualquier manera tuve que prescindir de estar en contacto directo con ustedes, revisar el blog o Facebook desde el teléfono podría ser una tarea para titanes,  no solo por lo pequeño de la pantalla, sino por lo lenta de la conexión desde allí. Ahora ya estoy calmado, ya tengo la Laptop conmigo y puedo escribirles, revisar las noticias y estar en contacto con todos los amigos. ¡¿Qué sería de la vida de nosotros sin la Internet?!