Ira

Otras veces les he comentado sobre mi relación con Dios y les he dejado mi opinión muy personal sobre las religiones. Una de las más extendidas por el mundo, la religión Católica, toma a la Biblia a por palabra divina y extrae sus principales doctrinas de tan famoso libro.

Una de las leyes fundamentales de esta religión es la que rige los siete pecados capitales que, curiosamente, no se encuentra en la Biblia sino que fueron redactados varios siglos después por un Papa e inmortalizados por Dante en su Divina Comedia.

Casi todos conocemos esta lista pero estarán de acuerdo conmigo en que algunos se llevan el protagonismo mientras de otros apenas se habla. Gula, orgullo y lujuria son de los más publicitados, pero no se escucha tanto hablar de la ira.

Quizá sea porque creemos que la ira no es tan peligrosa, a fin de cuentas muchos creen que es algo que se puede controlar. Meditación, yoga, ejercicios de relajación, música suave o unos buenos masajes pueden servir para aliviarla o, al menos, eso es lo que creemos.

Lo que quiero decir es que, quizá, no le demos a la ira suficiente importancia, pero tal vez pueda ser mucho más peligrosa de lo que creemos. Después de todo cuando se habló en aquellos siglos sobre comportamientos despreciables, llegó a los siete principales, por alguna razón fue incluida en tan famosa lista.

¿Qué hace que la ira sea diferente a los otros 6 pecados capitales? Para mi es bastante simple, te entregas a un pecado como la envidia, el orgullo o la gula y solo te haces daño a ti mismo. Prueba la lujuria o la codicia y solo te harás daño a ti y quizá a una o dos personas más. Pero la ira es el peor de todos, podríamos llamarla como la madre de todos los pecados.

La ira no solo te puede llevar hasta el extremo y destruirte a ti mismo sino que, cuando lo hace, puedes cargar contigo a demasiada gente inocente en el arranque.