Falso

 

Motivado por una frase de Ciceron citada por mi amigo Leo.

El arcoíris, ese cuyos colores forman la bandera que nos representa a los gay y que inspira el logo de este blog, es falso. No es más que una ilusión óptica que hace que veamos franjas de colores donde apenas hay unas gotas finísimas de agua traspasadas por la luz del sol.

¿Cómo es posible que algo que tenemos por real, que nos acompaña desde que somos niños y que podemos ver a menudo, simplemente no exista? No solo ocurre esto con el arcoíris, hay otras cosas que creemos ver, casi que podemos sentirlas claramente y hasta incluso creemos haberlas tocado, pero son tan falsas como un elefante rosado.

En estos días de Halloween he tenido la suerte de que varios de esos nuevos amigos, que van llegando a mi vida, se hayan comunicado conmigo para saludarme y conversar un poco de cómo me ha ido en esta primera celebración del día de brujas.

Entre tantas cosas de las que hemos podido conversar – que no solo fue de disfraces y maquillajes tenebrosos – muchos de ellos me han contado de la soledad, de las falsas amistades, y de los falsos sentimientos por los que se unen las personas. No sé si es una epidemia que azota al sur de la Florida o una manera de vivir en este país, pero fueron bastantes los que insistieron en eso.

Mr. A, muy a su estilo, intenta luchar a diario contra eso que él cree que es el peor de los males de este país: la mediocridad. Otro amigo se inventa detalles falsos de su vida a través de una popular red social para evitar a alguien que lo molesta, otra más decidió romper con su mejor amiga luego de que descubrió que intentaba tener un romance con su novio.

Estas historias en las que andan enredadas algunas de las personas que más quiero tienen un común denominador. Todas están marcadas por esa manía que tenemos los seres humanos de esconder lo que somos y lo que sentimos. Esa especie de vergüenza privada que tenemos nos hace simular sentimientos que en realidad no poseemos. Fingimos cariño, amistad, lealtad, inteligencia, fingimos casi todo y nos convertimos en algo tan o más falso que el arcoíris con sus colores radiantes.

Sería bueno que algún día esa franja de colores chispeantes fuera algo real, tangible, más que un simple artilugio de la física, que mis amigos no pensaran que la soledad es la mejor opción frente a los que fingen lo que sienten, que Mr. A eliminara ese gesto de su cara cada vez que habla de los que vivimos en esta ciudad y mostrara su sonrisa más a menudo.

Sería bueno que recordáramos por qué vivimos en sociedad y por qué motivos hacemos amigos. Solo pueden unirnos los buenos sentimientos, chicos, ni el interés ni otras mezquindades han formado jamás amistades estables y, en los tiempos que corren, un amigo puede ser la diferencia entre ser feliz o desdichado.