Ser fuerte

No sé por qué, pero a muchos de nosotros nos cuesta bastante trabajo pedir ayuda. Me parece que es un mal general, no solo porque seamos emigrantes, hombres, mujeres, homosexuales o heterosexuales, creo que es algo de los seres humanos. Quizá sea el orgullo, el ego o aquella tradición que reza que fuimos creados a imagen y semejanza de un Ser Supremo y eso nos hace serlo también.

Según las clases de sicología antropológica –asignatura enredada, difícil y tediosa que recibí en mi carrera- se decía que los niños entre 3 y 5 años empiezan a ser independientes, se quieren vestir solos, quieren comer por ellos mismos y algunos hasta se sueltan de la mano de los padres para caminar sin ayuda. Dicen los expertos que en esa etapa aprenden el concepto del “yo” y comienzan a verse como una persona individual dentro de la familia, quizá desde este momento aprenden a ser fuertes y duros.

Mientras crecemos deberíamos aprender a convivir con los otros y a darnos cuenta de que siempre vamos a necesitar de los demás para nuestra vida, pero parece que esos genes son más difíciles de conseguir, así que nos convertimos en esta especie de cowboy, fuerte y todopoderoso, con tal de conservar nuestro orgullo intacto.

Muchas veces pedir ayuda puede hacernos sentir fracasados, como si no fuéramos capaces de conseguir las cosas con nuestro propio esfuerzo, más aún, como si todos nuestros esfuerzos ni siquiera nos acercaran un milímetro a la meta.

Por el contrario, ser fuerte o aparentar serlo, nos hace ver ante los demás como verdaderos triunfadores y muchos nos admiran por el coraje y la valentía que suponen que tenemos al enfrentar la vida. A todos nos gustan las personas fuertes, votamos por ellos en las elecciones, nos hacemos sus amigos y hasta los queremos tener de pareja.

Curiosamente, así somos los seres humanos, también valoramos mucho ese momento de humildad en que las personas se muestran frágiles y vulnerables, el momento en el que el superhéroe se quita el traje y solo queda frente a nosotros el chico que nos mira tímidamente desde sus espejuelos.

La verdad es que a todo el mundo le gusta pensar que puede ser fuerte, pero serlo no solamente se trata de ser duro, en el sentido literal de la palabra, se trata más bien de asimilar que a veces tienes que darte a ti mismo permiso para no ser fuerte por una vez.

Sé que les suena a trabalenguas, pero no tenemos que ser duros cada minuto de cada día, eso nos hace fuertes aunque no nos parezca. Está bien bajar la guardia de vez en cuando, pedir ayuda y apoyar la cabeza en un hombro. De hecho, hay momentos en los que es lo mejor que podremos hacer, siempre que escojamos esos momentos con la suficiente inteligencia.