Demasiado

Demasiado

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Muchos cubanos nos habituamos a vivir dentro de la escasez de la isla tanto que, a veces ,ni la percibimos. El mejor remedio – o quizá el que mejor podíamos tener – era acaparar. Cuando aparecía el arroz allá íbamos a comprarlo por sacos, lo mismo pasaba con el jabón, el queso, las viandas y toda clase de productos en una lista que incluía hasta la insignificante frazada de piso.

Crecí pensando que esa costumbre era solo de los cubanos pero he podido comprobar que son muchos los que se dedican a acaparar y poco o nada tiene que ver con su país de nacimiento. Creo que es algún defecto que tenemos muchos seres humanos de no saber cuándo es demasiado y, sobre todo, es esa percepción de que tener mucho de algo, que creemos bueno y necesario, nos hará sentir mejor, más felices o más seguros.

Desde niños empezamos con la glotonería de los dulces y las golosinas, los juguetes, el cariño de los padres, los amiguitos…luego seguimos creciendo y sustituimos lo que almacenamos, quizá cambiamos las golosinas por el alcohol en alguna noche, los juguetes por los zapatos y el cariño de los padres o los amiguitos por las novias y los novios. De cualquier manera seguimos acaparando todo lo que nos parece bueno e indispensable para vivir.

Creo que asumimos esa costumbre porque no siempre tenemos las cosas que creemos “buenas” tanto como deberíamos, pero no todo lo que parece bueno lo sigue siendo cuando lo tenemos en mucha cantidad. El chocolate puede ser exquisito, pero comerte varias barras te hará cambiar de idea rápidamente. Demasiado de algo, incluso demasiado amor, no es siempre algo bueno.

Sería interesante si pudiéramos tener claro el límite que nos haría sentir que tenemos la cantidad justa de algo pero ¿Cómo saber cuánto es demasiado? Demasiado pronto, demasiada información, demasiada diversión, demasiado amor, demasiado por preguntar. ¿Será bueno quedarnos con los deseos alguna vez? ¿Será una buena idea dejar con deseos a alguien en algún momento?