Las luces de la carretera

Las luces de la carretera son como los sueños,

se acercan lentamente y, cuando llegan,

se vuelven a ir.

Carlos Varela, Pequeños sueños.

Por primera vez hoy manejé de regreso a casa mientras caía la noche. Nunca lo había hecho antes y fue una experiencia única, no solo por esa audacia de probar mis pasos un poquito más allá del límite que yo mismo me había impuesto sino, y sobre todo, por la experiencia en sí.

De muy buena gana retrasé mi regreso luego de una de esas tantas gestiones que nos ocupan a los recién llegados desempleados. Cuando me decidí a volver, el sol que alumbró toda la tarde, casi sin la molestia de las nubes, era apenas un manchón de destellos amarillos y naranjas en el horizonte.

El GPS, ese amigo que he descubierto hoy y que me regala la sensación de que nunca más me perderé en esta ciudad, me llevó por sitios que no conocía. Carreteras pequeñas, cómodas, lejos del barullo de los expressway y custodiadas por vetustos árboles.

En algún momento el recorrido me recordó a esa calle de Nuevo Vedado, en la capital cubana, que atraviesa el Bosque de la Habana desde la entrada del Zoológico de 26 y llega hasta el puente sobre el río Almendares, en otros me recordaba la pretenciosidad de la 5ta Avenida en Miramar y casi que podía adivinar que aparecería el Túnel que separa, a este lujoso barrio, del Vedado.

Mi auto me pareció también nuevo e inexplorado. Por primera vez pude disfrutar de la pizarra encendida con sus relojes de colores marcando quién sabe qué cosas – apenas si me conozco el que regula la velocidad y el indicador del combustible – el sonido del CD que preparé justamente para este viaje y el olor, ese olor que es una mezcla indescifrable pero que solo lo he sentido en mi auto.

Las luces de la carretera pasaban frente a mí al ritmo de canciones tan variadas como Let it be, de The Beatles,  Dust in the wind en una versión de Celine Dion o She will be loved, de Maroon 5. A pesar del inglés de los temas que me quise regalar para el viaje, no se me salía de la cabeza esta canción de Carlos Varela en la que habla sobre esos pequeños sueños que también ayudan a vivir.

Quizá la culpable de todo fuera esa primera estrofa con la que empecé el post.  Mientras regresaba a mi casa, pensaba en mis sueños, hacía un inventario de los que tenía antes de decidir venirme a este país, luego conté los que me traje al atravesar la aduana norteamericana y, por último, sumé los que tengo en este preciso instante.

Definitivamente Carlos Varela no se equivocó, esas pequeñas luces de la carretera, invisibles para quienes no van en un auto, son igual de fugaces y de traviesas que nuestros sueños. Se acercan, lentamente, y cuando llegan se vuelven a ir.

Carlos Varela, Pequeños sueños