Ser cubano en Miami

Ser cubano en Miami

Archivo personal

Desde hace varios días cambié el wallpaper de mi teléfono celular por una foto que hice en Cuba poco antes de venir a vivir a Miami. Antes, tenía una de esas imágenes bonitas que viene con el teléfono en la que aparece un pequeño bote en un lago rodeado de montañas casi al atardecer y donde todos los colores son entre rojizos y morados, ahora cambié y tengo una espectacular vista de El Morro de La Habana.

Muchos me han dicho que eso es porque ya me está cayendo el gorrión y la nostalgia por Cuba, yo les aseguro que no es así, apenas es porque redescubrí esas fotos que hice para mandárselas a mi madre y, esta de El Morro, me parece una buena fotografía, a fin de cuentas si soy cubano lo más normal es que tenga imágenes de mi país en el celular.

Los cubanos de esta orilla reflejan su amor o su nostalgia por la isla de muchas maneras. Hay quien sigue escuchando la música que oía cuando vivía allá, otros se mantienen al tanto del último baile que sale en las discotecas habaneras, otros más comienzan a usar la bandera cubana en todos los sitios que puedan y hasta hay algunos que exageran el acento nuestro hasta el extremo de parecen acabados de llegar aun cuando lleven décadas aquí.

Lo cierto es que ser cubano en Miami es una marca que muchos llevamos con orgullo. Nos diferencia del resto de la comunidad hispana y, para algunos, les da una especie de status, de vanidad, nos hace pertenecer a un grupo en extremo privilegiado frente a otros inmigrantes y que tiene características muy particulares.

Yo siempre digo que soy un mal cubano, no encajo muy bien en la imagen que muchos tienen de nosotros. Apenas si bailo algo de salsa, no tomo alcohol, tampoco soy muy fiestero y, para colmo, soy gay. A muchos se les pierde mi acento entre los muchos de Latinoamérica que conviven en la ciudad. Pocas veces, salvo en tono de broma, uso el famoso “que bolá, asere!” que tanto nos distingue.

Aun así, nací en aquella isla que nos ha acogido a muchos de nosotros y que también me despidió hace algunos meses. De manera muy discreta intento que no se me olvide de dónde vengo, que no se me pierda mi acento ni mi bandera, por eso – y porque es una buena foto – puse la de El Morro en mi celular y, por la misma razón cada noche, cuando me voy a la cama, uso como pijama un pullover que tiene una enorme bandera cubana que me abraza de un lado al otro del pecho.