Mi madre y la Navidad

La Navidad es una de las épocas que más disfruta mi madre. Yo vengo de Cuba, en donde esta celebración se resume en poner un árbol muy modesto – si se tiene – e intentar comer en familia lo que se pueda. Aquí me he encontrado con una fiesta anticipada a la que se vuelcan todos y todo.

En casa nos hemos adelantado a la celebración y ya casi tenemos listas todas las decoraciones, incluyendo la del jardín, en el que me empeñé a fondo pues era la primera vez que tenía uno para llenar de lucecitas. Casi que pongo una silla luego de terminar para disfrutar de los árboles llenos de luces que hicimos entre mi hermano y yo.

El árbol de Navidad ha sido tarea de mi madre y en casa todos sabemos que no es nada fácil. Ella lo va acomodando a su gusto día tras día en una faena que puede llevarle fácilmente una semana o más. Este weekend he estado saliendo con ella a comprar los últimos detalles para el árbol. No es tarea fácil, chicos, ella tiene gustos muy específicos y cuando se “enamora” de algo, tiene que ser exactamente eso, no admite similares.

Recorrer tiendas enteras buscando una bola, que vio en una revista, o un detalle para la mesa de la sala, que salió en un programa de TV, puede ser una tarea digna de Tom Cruise en Misión Imposible, lo único que lo hace disfrutable es ver como se ilumina su rostro cuando finalmente encuentra lo que buscaba, más aún, cuando lo pone en el sitio exacto que ya le tenía destinado en su mente.

Ella es feliz en estas fechas, sobre todo si puede celebrarlas como le gusta. Creo que hoy ya terminó con el árbol de Navidad, quedó exhausta luego de decorar uno más grande que cualquiera de nosotros, cambiando bolas de posición, protestando porque no pudo encontrar un adorno específico, pero feliz. Con cara de satisfacción se sentó en el sofá y, mirándolo, soltó la frase que todos deseamos escuchar: “Quedó bonito, ¿verdad?”.

Luego sacudió sus manos y cientos de brillitos saltaron de ellas, sé que son los que sueltan los adornos del árbol pero quise pensar, en ese momento, que sus manos eran como las de las hadas de los cuentos que nos hacía cuando pequeños y que aquellos brillitos eran una especie de polvo mágico con el que conjuraba hechizos para que estas últimas semanas de 2010 fueran llenas de bendiciones para todos. A fin de cuentas todas las madres tienen un poco de hadas…¿o no?