Superproducciones

Las últimas 24 horas las he estado viviendo entre superproducciones. No es que me la haya pasado viendo películas – ya les dije que empecé a trabajar y no me queda mucho tiempo para desperdiciar – es que he estado entre la cena de Thanksgiving y el Black Friday, los dos eventos, tradicionalmente norteamericanos, pueden compararse con una de esas megaproducciones que llegan a la gran pantalla cada semana.

Me gustaría saber cuándo la cena de Thanksgiving dejó de ser como se muestra en esos anuncios comerciales en los que una abuelita prepara y sirve una modesta comida en una mesa de, apenas, seis sillas mientras toda la familia sonríe alrededor de los platos humeantes y empezó a ser lo más parecido a una presentación de Broadway.

Días enteros preparando comida de la que, apenas, se comerá un tercio. Cientos de dólares gastados en decoraciones, bebidas que apenas se descorchan, dulces hechos en fábricas y que pretenden pasar por caseros y un inmenso stress – otro más – invertido y sufrido en algo que debería ser simplemente una reunión familiar, sin otro objetivo que pasarla bien y conversar relajadamente, sin presiones.

Yo escasamente comí un poco de la pechuga del pavo que se asó. De los otros platos tradicionales de la fecha apenas si los olí. No me gusta ninguno, así que entre pavo, algún dulce y mi familia – por supuesto – pasé un pedacito de la noche pues bien temprano en la mañana debía entrar al trabajo.

En mi recién estrenado empleo tuve la opción de poder vivir, de primera mano, lo que es un Black Friday. Un amasijo de personas, todas corriendo en cuanta dirección sea posible hacerlo y tratando de obtener los mejores precios y las mejores ofertas. Es como cuando dejas caer una gota de agua en un hormiguero y las hormigas corren despavoridas hacia todas direcciones.

Esa es otra superproducción, anuncios de rebajas que no lo son tanto, decenas de miles de dólares gastados en publicidad solo para hacernos creer que somos más inteligentes que las grandes corporaciones y que las vamos a coger desprevenidas en un día como éste. Ingenuos de nosotros, los consumidores, ellos se preparan durante meses y tienen sus gastos y precios bien calculados. Muchos hacen más dinero en este día que lo que pueden hacer en todo un mes.

Después de todo no deberían asombrarme ya las superproducciones de este país. No falta un mes sin que haya alguno de esos eventos que nos hacen movernos de las casas y hacer preparativos con semanas de anticipación. Aunque es cierto que, a partir de ahora, vienen muchas fechas festivas importantes para las familias, así que seguiremos viviendo lo que queda de 2010 al más puro estilo de un elaborado musical de Broadway. Chicos, ¡Is showtime!