Sueño raro

Cuando niño tenía la costumbre de contarle a mi madre lo que había soñado la noche anterior. Soy de los que sueña diariamente, aunque los sicólogos dicen que todos lo hacemos pero pocos recordamos nuestros sueños al despertar. Cuando fui creciendo y su contenido se hizo menos “contable” comencé a guardármelos para mí, pero anoche he soñado algo tan extraño que tengo que compartirlo con ustedes.

Luego de haber vivido de primera mano mí Black Friday, caí rendido en la cama. Estaba muy cansado y apenas demoré en quedarme dormido. Tuve uno de esos sueños tremendamente raros, de esos que son apenas descifrables ni siquiera por los mejores especialistas.

Soñé con un amigo con el que estudié en la secundaria y que no he visto desde entonces, hace casi veinte años. Estábamos en la que debía ser mi casa en Cuba pero se parecía mucho a esta en la que vivo ahora. Incluso una puerta, que fue protagonista en el sueño, tenía exactamente el mismo adorno de Navidad que tiene una de las de esta casa.

Lo único que recuerdo es que mi amigo estaba al otro lado de la puerta y, antes de cerrarla, me dio un beso. Ya sé lo que estarán pensando ahora mismo, pero en el sueño el beso no tenía ninguna connotación sexual, se los aseguro. No fue uno de esos que hacen que te despiertes sudando, al contrario, abrí los ojos con una pregunta… ¿Dónde estará él ahora?

Intenté recordar su nombre, cosa que me resultó bien difícil. Cuando lo hice aun tenía la sensación del beso de mi amigo, incluso podía sentir el roce de su barba a medio cortar aunque no recuerdo que, cuando nos dejamos de ver, ya tuviera pelos en el rostro.

Creo que está de más decirles que, en mi vida, besé a mi amigo y no sentía por él la más mínima atracción. No es un amor platónico de mi época de adolescente ni mucho menos, apenas estuvimos juntos en la misma aula, luego cada uno cogió su camino y nunca más nos vimos.

Aún en medio de esa tontería que nos envuelve cuando estamos semidespiertos, una llamada de Mr. A me terminó de levantar de la cama. Los habituales del blog ya saben cómo es él, esa mezcla de vulnerabilidad y descaro – no siempre a partes iguales – hizo que me olvidara del sueño, del beso y de mi amigo de la secundaria.

Poco después me senté frente a la computadora. Comencé la rutina de revisar correos, comentarios en el blog y leer las noticias. Al revisar mi cuenta personal en Facebook, que casi nunca reviso ni uso, la sorpresa fue tan grande que tuve que ponerme la mano en la boca para esconder un grito.

El amigo con el que había soñado me acababa de mandar una invitación para que nos hiciéramos “amigos” en Facebook. Me encontró por mi nombre, tan poco común, y enseguida me envió un mensaje.

El chico vive en Miami y está felizmente casado – por si alguno intenta ponerle un final feliz a esta historia – intercambiamos teléfonos y nos llamamos para ponernos al día de los últimos veinte años en que no nos veíamos. Conversamos algunos minutos y por supuesto que no le conté nada del sueño

Aun a estas alturas sigo asombrado con esa enorme coincidencia. ¿Cómo es posible que haya soñado con una persona a la que no veo desde hace varios lustros y con la que ni siquiera tenía una relación cercana? ¿Qué tanto puede haber de casualidad en que, luego de haber soñado con él, haya aparecido en mi Facebook? Si los sueños encierran realmente algún mensaje…. ¿Qué quiso decirme mi subconsciente con éste?