Nochebuena

Amigos, quien casi no sobrevive a la Navidad he sido yo, por culpa de una gripe horrible que me ha tenido alejado de todo lo que no ha sido el trabajo y mi teléfono. Aun así pude compartir la cena de Nochebuena con toda la familia y disfrutar, como pocas veces puedo hacerlo por acá, de la comida cubana.

Nada mejor que un buen arroz moro y el lechón asado… ¿Quién dijo que los cubanos alguna vez disfrutaremos comidas como el puré de papas y el pavo de Thanksgiving? La comida estuvo exquisita y la compañía, perfecta, como cada vez que nos reunimos todos.

Fue mi primera cena de Nochebuena con toda la familia, también fue la primera vez que mi madre tuvo a sus tres hijos sentados en la misma mesa en esta fecha, para ella debió haber sido especial, aunque es bien poco dada a los sentimentalismos.

Luego de la cena y una larga noche de Karaoke ya no me quedaban fuerzas para mucho más y la gripe hizo que me regresara a casa con la sensación de que quien manejaba el auto era otra persona. Hacía mucho tiempo que no me sentía así y solo atiné a tomar un par de pastillas e irme a la cama.

No pude estar con mis sobrinas cuando abrieron sus regalos, no pude ver sus caras cuando fueron descubriendo, uno a uno, cada deseo que pudimos satisfacerles, cada petición a Santa que se les hizo realidad. Mientras ellas hacían eso yo intentaba recuperar un poco de fuerzas para irme a trabajar mañana.

Ahora, ya sintiéndome un poco mejor, me pregunto para qué demonios sirve una vacuna contra la gripe que me puse hace apenas unos meses si un simple resfriado me lleva tan mal luego de varios días. Lo más importante es que creo que iré mejorando mientras los días van pasando, estos que ya van siendo los últimos de éste 2010 lleno de aventuras y cosas nuevas para mí.