Tiempo

Tiempo

Va entrando el año y casi llegamos a la última decena de enero con el sabor de las fiestas aún. En mi jardín todavía tintinean las luces de Navidad porque no he tenido tiempo de quitarlas entre la escuela y el trabajo.

Este 2011 me ha traído una extraña sensación de vivir varias vidas a la vez. Creo que es porque ya no solo soy el “recién llegado” a la casa, ese a quien todos malcrían y complacen. Voy siendo también un trabajador, un alumno, un amigo y una persona con ciertas responsabilidades que cubrir.

En estas primeras semanas de enero he aprendido que uno de los regalos de la vida que menos apreciamos es el tiempo. Ese que pasa implacable, como dijera el poeta, mientras nosotros creemos que no pasa nada, esos minutos, esas horas que se van convirtiendo en semanas, meses y años.

Ese que nos empeñamos en desperdiciar, una y otra vez, en sucesos sin importancia. El que le dedicamos a personas que no lo merecen, el que malgastamos en cada una de las cosas que comenzamos y no terminamos, el gimnasio, la dieta, aquel curso, esa visita que hacemos solo por compromiso.

Estas jornadas, en los que el año nuevo va dejando de serlo, me han regalado una especie de insomnio sin dejar de dormir. Con un horario de trabajo tan irregular, los días se me van pasando sin poder distinguir entre sábado o miércoles, si acaso es la escuela la que más disciplina va poniendo en medio de todo el caos en que se ha convertido mí tiempo en este 2011.

He estado trabajando en refrescar un poco la imagen del blog y, aunque aún le quedan algunos detalles por pulir, ya va tomando forma. Siéntanse libres de dejarme saber lo que les gusta y lo que no. Quiero agradecer las sugerencias de todos y, principalmente, la del autor del blog Rogelio el fotógrafo, quien con sus consejos ha evitado más de una incorrección en el nuevo diseño del sitio.

También en este inicio de año he despedido de la ciudad a algunos amigos y he recibido a otros, he quedado mal con algún compromiso y la comunicación con mi madre y mis hermanos ha sido, básicamente, a través de mensajes de texto.

No tengo idea de cómo nos habría ido si no existieran los teléfonos celulares, probablemente habríamos usado aquel viejo método que usaban mi madre y mi abuela, ese de poner papelitos con las notas en la puerta del refrigerador.

No sé si agradecer o aborrecer todas estas vidas que me ha regalado el 2011, la confusión que me crea el no saber qué día de la semana voy viviendo. Creo que debo aprender a administrar cada segundo para poder sacarle el máximo provecho a todas estas vidas que, únicamente, se unen para escribir estas notas.