Metamorfósis

metamorfosis

Obra del artísta plástico Mario A. Muntaner Romañach

Un año y un día. Para muchos de los cubanos que me leen desde los Estados Unidos ésta es una fecha que marca el inicio de los trámites para la residencia norteamericana, esa pequeña tarjetica que tanto trabajo les cuesta conseguir a los emigrantes de otros países.

Yo, ya deben haber sacado sus cuentas, estoy ahora mismo en medio de todo eso. Notarios, funcionarios de emigración, doctores con apellidos latinos pero que solo te atienden en inglés, policías de ceño fruncido y cuerpo ejercitado… en fin, con todo eso he estado lidiando en estos días.

Yo mismo me sorprendo de la capacidad que he ido ganando para moverme entre trámites e inglés técnico, voy de una agencia a otra o de un sitio web a otro con una agilidad que pareciera que lo he hecho siempre.

Atrás quedaron los días en los que necesitaba que mis hermanos me acompañaran y hasta hablaran por mí en esas mismas oficinas. El poder ir de un sitio a otro y solo dejarles saber cómo me ha ido con los trámites me da una sensación de independencia extrema.

Recuerdo con cierta simpatía a aquel muchacho que fui, ese que le pasó un mensaje de texto a todos los que tenía en su celular cuando consiguió pedirse (y pagarse!) por su propia cuenta, un almuerzo en Burger King y hacerlo todo en inglés. Creo que por algún sitio, cada vez más escondido, voy guardando lo que queda de él.

Un día, no sé cuándo ni buscando sabe Dios qué cosas, me lo tropezaré y lo saludaré con cariño. Solo espero que, para ese entonces, ya no lleve la cuenta de cuantos almuerzos ha podido pagar y no se fije en el color de las tarjetas que llevo en mi cartera.

Espero que, el que llegara hace un año y en él que inevitablemente me convertiré, no sean como esos dos se dan un tímido abrazo mientras se preguntan, mentalmente ¿de dónde te conozco?