¿Enamorado?

Cada día, cuando regreso del trabajo, el parabrisas de mi auto parece una foto sacada de un folleto de agencia de viajes.  Una impresionante puesta de sol tiñe los minutos que me separan de mi casa con esa combinación de naranjas, morados y amarillos que tienen los ocasos en Miami.

Hoy, movida probablemente por los olores de la primavera, una mariposa me acompañó junto al auto por varios metros hasta que, disgustada seguramente por mi desinterés hacia ella, decidió llevar sus colores a conquistar otras miradas.

Contemplo esa imagen a través del parabrisas del auto mientras escucho una combinación de baladas melosas, en inglés y español. También hace semanas que estoy comiendo menos (casi nada! diría mi madre) y he pasado por la tienda para comprarme alguna ropa nueva (incluida la ropa interior…).

Cualquiera pensaría que estoy enamorado y que ando suspirando con cada mensaje de texto que recibo en mi celular… Nada más lejos de la verdad, amigos. El CD con las baladas románticas que escucho en el auto no lo he cambiado por pura vagancia, estoy comiendo menos porque ando en mi dieta pre-verano y la ropa nueva la he comprado porque había unas ofertas buenísimas en JCPenney y no podía desaprovecharlas.

Lo de la puesta de sol y la mariposa no he podido resolverlo. Me he esforzado por no mirarlas pero me ha sido imposible dejar de hacerlo. Las opciones son: o las miro mientras manejo o cierro los ojos y provoco un estrepitoso accidente.

Los únicos mensajes de texto que recibo en mi celular desde hace varias semanas son los de la familia y las actualizaciones de Facebook. Ya sé que puede sonar deprimente, chicos, pero es la verdad.

Aun así (o quizá por eso) conservo la sonrisa cada minuto de mis días. Estoy feliz, se los confieso, a pesar de las puestas de sol, las tiernas baladas y las mariposas metiches. A pesar de cuantas flores se descubren en los jardines a mí alrededor, de esos tonos pasteles con los que la primavera inunda todo lo que toca.

Estoy feliz porque ese debe ser el estado natural de las personas y porque aún no estoy preparado para la depresión. Porque no necesito que alguien me espere en casa o me llene el teléfono de mensajes para sonreír minuto a minuto. Estoy feliz porque sí, porque si en algún momento apareciera ese alguien, me descubrirá con una sonrisa en los labios y si no aparece, amigos, se perderá de esta felicidad con que amanezco día tras día.