Dormir

Hoy solo quiero dormir y hacerlo bien, borrar el gris de este viernes y amanecer, el sábado, con un color diferente. Me gustaría decirles que despertaré con el sol radiante en mi rostro pero, además de que es una metáfora horrible de adolescente,  los noticieros se han empeñado en anunciar un día lluvioso para mañana.

Con una buena noche de sueño soy hombre nuevo. No hay nada que esa especie de vuelta de página, que es dormir, no sea capaz de remediarme. No se trata ya del cansancio del día de trabajo o de recuperar fuerzas para el siguiente, se trata de que dormir se ha convertido en un tipo especial de goma que me permite borrar cada cosa del día que no quisiera repetir.

Cierto es que, cuando casi todo se vira al revés, cuesta un poco conciliar el sueño y el insomnio nos borra la frontera entre uno y otro día para dejarnos con esa impresión de que se van sumando más horas a las veinticuatro que vivimos entre ellos.

De cualquier manera esa es solo una impresión y, mientras les escribo, ya he cerrado el viernes y ha comenzado el sábado. He pasado el umbral de la medianoche entre llamadas y mensajes de textos. Los que me quieren, se han imaginado que los voy necesitando y han aparecido en masa, como una manada multicolor en la que cada uno aporta algo diferente e imprescindible.

Usaré cada color que ellos me dejen para pintar, uno a uno, los pasos con los que andaré este sábado.  Lo conseguiré y no habrán noticieros con  anuncios de lluvia que me borren la sonrisa con la que recibo cada día. Da igual si amanece radiante el sol o si, por el contrario, la vida nos premia con uno de esos grises que nos recuerda que, a veces, el arcoíris va por nuestra cuenta.