Sacrificio

A veces creo que la clave para salir adelante comenzando una nueva vida en otro país está en aquello a lo que renunciamos: sueños, amigos, estabilidad, hogar, familia, en fin, una vida normal. Lo sacrificamos todo por ese momento único, emocionante, el momento en el que legalmente traspasas la línea de una aduana, abordas el avión y aterrizas en una tierra, extraña o conocida, con amigos esperando o con el dinero justo para tomar un taxi al salir del aeropuerto.

Aún conscientes de esto, hay días en los que hacer esos sacrificios parece una locura interminable, nos cuestionamos cada una de las cosas que dejamos detrás, luego están los días en los que todo parece un sacrificio hasta levantarse de la cama, vestirse o atender el teléfono y, por último están los sacrificios que ni tú mismo sabes porque estás haciendo pues nada tienen que ver con tu nueva condición de emigrante recién llegado.

Un hombre sabio dijo una vez que puedes tener todo en esta vida si sacrificas todo lo demás por ello. Creo que lo que quería decir con ese juego de palabras es que nada viene sin un precio a pagar así que, antes de decidirnos a conseguir algo, sería bueno que decidamos cuanto estamos dispuestos a perder por ello.

Muchas veces, obtener lo que queremos, significa dejar a un lado algo que creemos correcto o por lo que hemos luchado mucho. Como mismo decidir emigrar puede representar dejar todo atrás y comenzar de cero, permitir que alguien entre en tu vida significa abandonar los muros que llevas construyendo toda tu existencia.

Por supuesto que los sacrificios más duros son lo que no vemos venir, los que llegan cuando no tenemos tiempo de preparar una estrategia, elegir un bando o calcular cuántas pérdidas sufriremos. Cuando esto ocurre, cuando la batalla nos elige a nosotros y no al revés, ahí es cuando el sacrificio puede resultar mayor de lo que podemos soportar.