Noche de sábado

Regresaba a casa y decidí detenerme. No hubo un sitio específico que llamara la atención, solo quería detenerme, salir del auto y caminar en medio de la noche. Desde que llegué a Miami, hace poco más de un año, mi vida ha estado completamente climatizada por los aires acondicionados y estaba cansado de tanto ambiente artificial.

Bajarme y caminar, sentir el aire fresco de la noche en mi rostro y pensar. Choqué con una mezcla de olores, una combinación de olor a parrillada con ambientador frutal. Apenas di unos pasos y me regresé al auto. Solo me quedé ahí, de pie, apoyado en el maletero, viendo las luces de los establecimientos y los destellos de los automóviles que pasaban por la calle.

Intenté recordar cómo se sentía el aire en mi rostro la última vez que caminé de noche solo. Fue en La Habana, poco antes de venir. Entonces pensaba en lo absurdo de la euforia que las personas creían que debía tener por mi viaje.

Caminaba sin mucha prisa por la calle Paseo, allá en el Vedado habanero. Bajo los inmensos árboles que me cubrían tejía cientos de deseos para la nueva vida que comenzaría junto a mi familia, intentaba disipar los miedos y guardar, tanto como pudiera, la nostalgia que en algún momento me tocaría sentir por lo que dejaba atrás.

La brisa de anoche en mi rostro me hizo recordar lo ingenuo de aquellos planes y lo tonto de los miedos que sentía. La nostalgia por la ciudad que dejé aún no me ha tocado sentirla. Lo que muchos llamamos “mi Habana” es una ciudad que ya no existe, o mejor, que solo existe en nuestra mente y que vamos reconstruyendo con pedazos de las emociones que vivimos bajo sus techos o en sus portales.

Mientras medio Miami se dejaba seducir por la falsa compañía de los centros nocturnos o las sonrisas de cortesía de quienes se nos tropiezan en el camino en una noche de sábado yo decidí parar.

Después de todo fue un buen gesto el de detener el auto y respirar la noche. Hacer un alto en el viaje y recordar, con cierto cariño, lo que dejé atrás, me dejó saber que lo mejor aún está por venir.