Mi lista

Hace muchos años una amiga, sicóloga, buenísima, me sugirió que hiciera una lista en donde recogiera las características indispensables que debía reunir alguien para que yo me decidiera a comenzar una relación con él.

Ella me aseguraba que esa era la mejor manera para, al menos, compensar los sacrificios que lleva una relación de pareja. El hecho de tener claro que es lo que buscaba en los otros me haría cometer los errores mínimos y, a la larga, disfrutar de una relación lo más satisfactoria para mí.

No importaba todo lo raro que pudiera parecerle a otros. Para que la lista fuera efectiva debía elaborarla con la mayor sinceridad y sin pizca de rubor. Amigos, me di banquete poniendo cosas en aquella hoja, describí hasta los detalles más ínfimos para armar aquella especie de hombre soñado.

Para cuando terminé ya tenía dos hojas llenas de peticiones y se las mostré a mi amiga con algo de vergüenza por los detalles que pedía. Ella sonrió y apenas la leyó. Me pidió entonces que la recortara hasta dejar menos de diez de todas esas características.

Debía pensar claramente con cuales de todas aquellas cosas me quedaría para elaborar mi lista final. Solo podría escoger las que me resultaran totalmente imprescindibles. Comencé desechando aquellas que contenían medidas. Centímetros, pulgadas y metros fueron tachadas casi de golpe y así fueron cayendo bajo la línea que las anulaba, una tras otra hasta dejar solo las cinco más importantes.

Desde entonces he consultado esa lista, que ya no está en un papel, cuando conozco a alguna persona. A manera de operador de control de la calidad, voy marcando con una cruz imaginaria las cualidades que creo que posee. Si alguien logra obtener tres cruces entonces será un buen candidato, al menos para conocerlo un poco más.

Mi amiga, sicóloga, buenísima, no contaba con que la vida, afuera de sus gruesos libros, era mucho más complicada de lo que se imaginaba. Los seres humanos somos mucho más que un conjunto de características y, aun cuando solo fuéramos eso, es tan difícil identificarlas en apenas una cita que un método como el que me propuso era poco menos que ingenuo.

La manera en la que nos relacionamos, la química que pueda haber entre dos personas o aquella famosa palabrita de cuatro letras, que tantos dolores de cabeza nos da, es totalmente irracional. No hay nada que podamos hacer de manera consciente para amar o desamar a alguien.

Aun así, mantengo mi lista guardada en algún sitio. Mientras llega el príncipe ¿azul? que describe, seguiré dejándome enamorar por los pequeños detalles que la vida va poniendo en mi camino. Quién sabe si, uno de estos días, besando a un sapo ¿azul? aparezca el príncipe que describe.