Regalando luz

Parafraseando una máxima bíblica, por sus sueños conocerás a un hombre. Ellos nos dicen mucho más de lo que nos revela conocer su pasado. Los eventos que marcaron nuestra vida nos han convertido en la persona que somos hoy, pero los sueños son los que marcarán la persona que seremos.

Me alegra mucho sorprenderme con las personas a estas alturas. Siempre es una prueba de que, en materia de seres humanos, nunca hay reglas fijas. Las sorpresas, buenas o malas, pueden aguardar a cualquiera a la vuelta de la esquina.

Esa sorpresa llegó, esta vez, de la mano de alguien a quien no le imaginaba sueños con esa rara combinación de sencillez y grandeza. Mientras conversábamos, sin ningún tema específico, llegó esa pregunta tonta y cursi: ¿Qué harías si te ganaras la lotería?

Esperaba que me contara de todos los lugares del mundo que quería conocer, de cómo pagaría sus deudas y también de cómo, ingenuamente, contraería otras tantas. Daba por sentado que la conversación giraría en torno a modelos de autos o marcas de ropas. Pensaba que comenzaríamos a hablar del negocio que pondría o de donde se compraría su nueva casa de millonario.

A diferencia de mis expectativas, comenzó contándome una humilde historia de cómo los vecinos muestran respeto a las personas, que pierden a sus seres queridos allá, en su barrio apartado y casi marginal de Cuba. Todos dejan las luces encendidas desde que conocen la noticia del fallecimiento hasta que los familiares regresan del entierro.

Es su manera de darle un poco de luz a los que comparten las mismas dificultades, es la forma que encuentran de dejarles saber a ellos que están ahí, para lo que necesiten, sin aspavientos, sin lágrimas falsas en el funeral, sin ropa oscura ni termos de café.

El sueño de este hombre es poder tener tanto dinero como para ponerles bombillos en los portales a todas las casas de su barrio y asegurarlos para que nadie pueda robarles la tradición de ofrecer luz cuando los otros creen que la han perdido.

Nunca lo supo, pero esa historia hizo que me conmoviera y que diera las gracias, en silencio, por haber conocido a una persona que aún guarda su dosis de sueños para los otros. Tal vez nunca lo sepa pero sus palabras me hicieron cambiar mis planes si algún día me gano la lotería.

Si me ganara esos millones claro que buscaría catálogos de coches y llamaría a un buen realtor para comprar la casa de mis sueños, pero reservaría una buena parte del dinero y lo buscaría donde quiera que él esté.

Le cumpliré ese sueño de regalar luz para que otros iluminen los momentos difíciles de quienes quieren. Le ayudaría, a él y a su barrio, a no dejar morir esa leyenda que hace que la pérdida de un ser querido sea acompañada de un resplandor de apoyo. ¡Sería el dinero mejor empleado de todo el premio gordo!