Nosotros los magos

La vida la construimos nosotros mismos, sin que para ello medie ningún plano, sin predicciones ni profecías, sin libros bajo el brazo ni conjugaciones de estrellas. Nosotros somos los principales arquitectos de los días que vivimos, los buenos y los malos.

Construirse un domingo distinto en una ciudad como Miami es algo complicado. ¿Cómo escapar de la playa, las discos, las cenas en algún restaurante de moda? ¿Cómo salirse del camino seguro que nos llevará a contemplar idílicamente el mar que baña a esta ciudad? ¿Cómo evitar ir a ver esa película que tanto anuncian por todas partes?

Es difícil, amigos, pero este domingo lo conseguí. Intentar sorprender a alguien, que se define a sí mismo como callejero y conocedor de cuanto rincón alberga esta ciudad, es algo complicado pero todo se puede si nos empeñamos a fondo. La mejor recompensa para horas de búsqueda puede ser su rostro lleno de cosas nuevas.

Pensando en sus ojos, y en construir recuerdos alejados de los que ya vivimos con otras personas, me lancé a buscar el sitio, ese lugar que tendría algo distinto, el toque mágico que necesita un domingo para no parecerse a todos los otros.

Lo encontré. Único. Fantástico. Inesperado. Un convento español con más de 900 años, transportado piedra a piedra hacia los Estados Unidos por un millonario excéntrico a mediados del siglo pasado. El lugar perfecto, el sitio ideal para un domingo con él.

Nosotros construimos nuestro domingo como quisimos. Trazamos cada línea, dimos cada paso para que la semana empezara y terminara de la manera en la que sucedió. No nos importaron las profecías, el estado del tiempo ni el famoso librito bajo el brazo. Tomamos al destino por la mano y lo llevamos con nosotros.

No nos quedamos en los deseos de un día mágico. Tomamos la varita, la capa y el sombrero e hicimos la magia. Nosotros pudimos, ustedes también pueden.

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