Nosotros los cubanos

 

Nosotros los cubanos

Mientras nos debatimos en discusiones estériles sobre la supuesta moralidad de uno u otro artista, uno u otro político o uno u otro bando de los que vivimos en esta ciudad, millones de cubanos hoy día están regados por el mundo, ajenos a nuestras réplicas, intentando sobrevivir a una isla en la que, no quedando nada más que negar, se ha negado la esperanza.

A veces se nos olvida, a veces volteamos el rostro y nos concentramos solo en nuestros problemas, en nuestras razones, en nuestros argumentos. A veces nuestra propia rabia nos hace olvidarnos de que hay cubanos más allá de Cuba y de esta península que casi llega a tocarla pero no lo hace.

En Miami hemos intentado reconstruir un país que ya no existe, que probablemente nunca existió más allá de nuestros deseos. Comenzamos a matizar los recuerdos con colores ajenos, con acentos ajenos y hasta con sonidos ajenos. Los cubanos somos de escasa y traicionera memoria.

Por eso es bueno ejercitarla de vez en cuando. Sentarnos frente a los recuerdos y sacudirlos hasta dejarlos lo más parecido a lo que realmente fueron, como cuando nos decidimos a desempolvar los adornos que colocamos en esa esquina de la casa que nunca tocamos.

A partir de hoy, y camino al 20 de octubre, les presentaré a algunos de los cubanos que conozco. Unos más cercanos que otros, más viejos o más jóvenes, más a la izquierda o más a la derecha. Intentaré pasarles el spotligth a ellos. Trataré de limpiarlos de toda mi subjetividad y presentarselos tal y cual son.

Quizá, si tengo suerte, podré retratar a través de ellos a los que nacimos en la isla. Quizá, si tengo mucha suerte, cuando termine de presentárselos ellos se les hayan descubierto como los cubanos que una vez fuimos o, tal vez, como los que alguna vez quisiéramos ser.