Nosotros los cubanos: Dennys

Nosotros los cubanos: Dennys

Tiene veintiocho años y ha sido feliz. Nadie lo podría poner en duda. Ha llevado su vida como ha querido, sin otra aspiración que convertirse en el graduado universitario que es hoy. Luego de esa meta, Dennys se quedó sin metas.

Ahora se debate entre crear una carrera en Cuba o irse a vivir al extranjero. Se esforzó tanto en terminar la Universidad que se olvidó de planear su vida más allá de los libros, las libretas y la pizarra.

No crean que ha sido una rata de bibliotecas, para nada. No hay recoveco en La Habana donde se pueda tener sexo entre hombres que Dennys no conozca y reconozca haber visitado. No es de ninguna manera el clásico universitario de espejuelos hondos y hablar pausado.

Habla a mil palabras por segundos y tiene un argumento para todo. Difícilmente se queda callado y en sus palabras he tenido desde los mejores elogios hasta los peores regaños.

Es una persona de las que más extraño haber dejado en Cuba, esa isla que, como ballena gigante, se traga a los amigos y los recuerdos cual si fueran pequeños peces en un inmenso mar nunca sereno.

Hace más de cuatro años comparte su vida, tanto como puede él compartirla, con su pareja. Un muchacho de sonrisa amplia y ojos pícaros. Comparten un pequeño cuarto en el Vedado que costean como pueden, sabiéndose apenas dueños de un futuro con unos límites tan estrechos como los de las paredes que los protegen.

No sabría decírles cual es su sueño ahora mismo. Quizá ni tenga uno. La distancia que ha interpuesto el estrecho de La Florida ha hecho que se borre esa rutina que nos conservaba cercanos y pendientes uno del otro.

Tiene veintiocho años y ha sido feliz. Sin muchos sueños pero feliz, sin grandes aspiraciones pero feliz, sin una meta clara ahora mismo pero feliz, en la isla – ballena pero feliz.