Miedo

No saber qué decir, por miedo. No saber cuándo decir, por miedo. No saber cuánto decir, por miedo. Es un sentimiento paralizante, muchas veces absurdo, otras tantas previsor pero, en general, el miedo es un sentimiento totalmente irracional.

Es como un pequeño animalejo que se nos instala en el cuerpo y comienza a comer todas nuestras energías. Cuando las ha consumido todas, dejándonos paralizados, sigue con nuestras ilusiones y nuestros sueños. Sin energías, sin ilusiones y sin sueños le es fácil terminar haciéndose dueño de nosotros y dominar cada paso que damos o que retrocedemos, cada palabra que decimos o callamos.

Estaría perfecto no dejarlo entrar a nuestras vidas pero ¿Quién lo ha conseguido? ¿Quién se ha salvado alguna vez de ese cosquilleo en el estómago? ¿Quién no se ha sentido inmóvil, como de cera, preso del miedo?

Él, amigos, puede privarnos de la mejor tajada de la vida, que es vivir. No se dejen atrapar, no se callen, no se paren, no salgan corriendo como locos. Enfréntenlo. Al final del día el miedo siempre va a estar ahí, acechando como el depredador que es. Siempre nos verá como su presa.

Nos toca a nosotros decidir qué papel jugamos, si el de la presa que se deja comer fácilmente con ojitos lastimosos o el de la que le lanza un par de zarpazos a la fiera y la hace correr lejos con el rabo entre las patas. El miedo, después de todo, es cobarde y solo le gana a los que son más cobardes que él.

Ustedes y yo somos de los valientes.