Independencia

Independencia. Lo que perseguimos desde niños y pocas veces conseguimos. Cuando pensamos que somos independientes porque trabajamos y podemos pagar nuestras necesidades, nos damos cuenta de que necesitamos de los otros.

Necesitamos de nuestros compañeros de trabajo para realizarnos, de alguien que nos espere en casa para dormir descansados, de nuestra familia para sentirnos acompañados, de nuestros amigos para apoyar o apoyarnos.

Las personas, como los países que formamos, no nacimos para ser independientes por más que persigamos ese sueño. Esta gran nación, que nos acoge a muchos, declaró su independencia de la metrópoli que la gobernaba, pero solo pudo hacerlo desde la unión de aquellas primeras trece colonias.

Se necesitaban juntas, supieron poner sus semejanzas por encima de sus diferencias. Solo así, desde la unión, pudieron zafarse de la Gran Bretaña. Casi dos siglos y medio después aún no hemos entendido aquel mensaje cifrado, pocos años más tarde, en la Constitución de los Estados Unidos de Norteamerica.

Esas primeras tres palabras, We the people (Nosotros, el pueblo), revelan en dónde encerraron su poder los padres creadores del país que luego se convertiría en el más poderoso del mundo. En la unión de todos.

No escribieron nosotros los blancos o nosotros los negros, nosotros los anglosajones o nosotros los latinos, nosotros los heterosexuales o nosotros los homosexuales, simplemente dijeron Nosotros, el pueblo y con eso bastaba para que todos entendiéramos la importancia de no marcar divisiones de ningún tipo.

Cuando este 4 de julio la noche nos ilumine con los espectaculares fuegos artificiales, pensemos en eso. Somos más que latinos, católicos, gays, anglosajones, residentes, ciudadanos. Somos personas, somos seres humanos. No importa si desde dónde me lees no puedes ver los fuegos artificiales, no importa que cuando lo hagas ya haya pasado la fecha.

Olvidemos lo que nos separa, usemos el impulso de los fuegos artificiales para elevar lo que nos une. Aprovechemos, cada puntico de luz que se dispersa en el cielo, para regar la tierra con las mejores cosas que podamos ofrecer a los otros. Dejemos de mirar, por un momento, al cielo y veamos a los ojos de los que tenemos a nuestro alrededor.

Si cada uno de nosotros lo consigue por esos breves minutos, seremos mejores personas, seremos la nación que idearon los que hace casi dos siglos y medio obtuvieron la independencia, curiosamente, uniéndose.